Los abrazos rotos * * *

                                                      Por Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI 

Titulo original: Los abrazos rotos. Año: 2009 España. 126 min. Director: Pedro Almodóvar. Guión: Pedro Almodóvar. Música: Alberto Iglesias. Intérpretes: Penélope Cruz, Lluis Homar, Blanca Portillo, Jose Luis Gómez, Rubén Ochandiano, Tamar Novas... Fecha de estreno en España: 18 marzo 2009.

Harry Caine, un director y guionista ciego, recuerda su pasado, el momento en que conoció a Lena, la mujer de su vida, arrebatándosela a un oscuro empresario, el rodaje de la película que rodaron juntos y el fatal accidente en el que ella murió y él perdió la visión.

A partir de una estética admirable y un dominio de la puesta en escena absoluto, Pedro Almodóvar sortea una prolija historia llena, como siempre, de vueltas y recovecos, aunque esta vez algo huérfana de emoción. Los amores de Harry y Lena (de nuevo espléndida Penélope Cruz) y los desamores de ésta y Ernesto (un José Luis Gómez sencillamente perfecto) no estallan en intensidad sino en acontecimientos salpicados, eso sí, de giros y algunos golpes de humor maestros, como la intérprete de los labios. Es la firma Almodóvar, su peculiar forma de sorprendernos: junto al drama, el exabrupto; domina el claroscuro como pocos. Y ese juego, a veces lúdico y a veces doloroso, escasea en Los abrazos rotos: el contraste, el color.

Insistiendo en el lado más dramático, la crónica doliente de sus protagonistas desemboca pronto en un culebrón que discurre por su lado más típico y hasta tópico. Menos mal que la autoparodia final, una suerte de segunda entrega de Mujeres... con gazpacho incluído, rescata al Almodóvar desmadrado y rescata también la crónica lánguida y tristona, que levanta finalmente el vuelo. Mejor desmedido que trágico, mejor astracanado que agónico, el hiperrealismo desmelenado y cinéfilo (homenajes a diestro y siniestro) sigue siendo lo suyo, lo más aplaudido. Y en un ejercicio, muy suyo también, entreverado de generosidad y narcisismo, Almodóvar se erige aquí más que nunca en “pater familias del cine español” y recupera a todas las generaciones (sus generaciones) de actores que con él han sido. Más estética que imaginativa y más recreadora que fundacional, la belleza está garantizada; no así el apasionamiento...

Mª José Sánchez Lerchundi