Amador |
Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN |
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Marcela (Magaly Solier) es una tímida peruana, inmigrante ilegal y católica piadosa, que convive en Madrid con Nelson (Pietro Sibille), líder de un grupo de compatriotas que roban flores usadas y las revenden en la calle. Hace años, él la obligó a abortar. Ahora, cuando Marcela se entera de que está embarazada de nuevo, oculta el hecho a Nelson, y busca por su cuenta un trabajo que complete los escasos ingresos de la pareja. De este modo, comienza a cuidar de Amador (Celso Bugallo), un anciano lúcido de cabeza, pero inmovilizado, cuya familia le deja aparcado en Madrid durante las vacaciones veraniegas. Enseguida, Marcela hace buenas migas con Amador y con Puri (Fanny de Castro), una veterana prostituta amiga del anciano. Pero, de pronto, una situación inesperada obliga a Marcela a tomar una singular decisión. Al igual que Achero Mañas en Todo lo que tú quieras y Diego Luna en Abel, Fernando León de Aranoa (Familia, Barrio, Los lunes al sol, Princesas) plantea un conflicto dramático extremado, casi surrealista y a veces difícil de asumir. Pero el cineasta madrileño sale más que airoso del desafío gracias a un guión de hierro, lleno de sugerentes detalles simbólicos —por ejemplo, los rompecabezas y las flores— que esculpen con firmeza los perfiles de los personajes hasta hacerlos muy cercanos al espectador. Además, León de Aranoa los mima con su nítida puesta en escena —demasiado lenta quizás— y con su excelente dirección de actores, que arranca una gran veracidad a todos ellos. Destacan especialmente las dos breves apariciones de Sonia Almarcha —magnífica en la piel de Yolanda, la hija de Amador—, así como la sutilísima composición de Marcela que realiza la peruana Magaly Solier, confirmando así las cualidades que ya mostró en Madeinusa y La teta asustada. De este modo, adquiere entidad el sencillo enfoque trascendente que da la película a la muerte y a la comunión de los santos, así con sus reflexiones sobre la soledad y el amor, y sus duras críticas al machismo, que conduce a tantas mujeres a optar por el aborto en lugar de por la vida. En este punto, la película exalta el coraje y la fortaleza de Marcela que, a pesar de su timidez, sabe encararse con su pareja en defensa de su embarazo. Este mismo tono positivo enriquece también al resto de los personajes, todos con sus miserias y grandezas, incluso la divertida y malhablada meretriz Puri. Encarnando de alguna manera aquella afirmación de Jesucristo de que “las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos”, ella protagoniza junto a Marcela una emotiva escena con un cariñoso sacerdote, que intenta ayudarlas. Un apunte muy entrañable, que elogia el importante papel social de la Iglesia.Jerónimo José Martín
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