Amos Gitai : “Se han perdido las ganas de alcanzar la paz ”

                                                                                          Por JOSÉ LUIS PANERO

El cineasta israelita estrena Zona libre, y ha sido el primero en rodar en un país árabe. Durante la Guerra del Kippur, Amos Gitai dejó sus estudios de Arquitectura y decidió convertir en profesión su afición por rodar películas. Desde entonces ha filmado cuarenta largometrajes documentales y de ficción con tres temas centrales: la situación de Oriente Próximo, el exilio y la utopía. Ahí están títulos como Ananas, Esther, Berlín-Jerusalén —Premio de la Fipresci en el Festival de Venecia 1990— Devarim, Eden o Tierra prometida. Hablamos con él de su último trabajo, Zona libre, una road-movie sobre dos mujeres judías —una estadounidense y otra israelí— que viven un encuentro singular con una palestina en la llamada Zona Libre de Jordania.


Cartel de Zona libre

 

¿Por qué siempre centra sus historias en torno a su tierra?

A. G. La amo. Es una tierra que me toca mucho el corazón, y no puedo obviar el apego a mis raíces. ¡Es la tierra de mis sueños, a pesar de los enfrentamientos constantes que Israel padece desde hace 50 años! Además, las relaciones humanas entre mis compatriotas son espléndidas. Eso me ayuda en mi trabajo, pues así me siento ilusionado, esperanzado...

 




¿Cuál sería la marca distintiva de ‘Zona libre’?

A. G. Si te has fijado, el arranque del filme se produce en un coche, y alrededor de él hay gente de todas partes. La atmósfera en ese instante es un microcosmos de relaciones, que pueden generar algún problema, pero la coexistencia siempre es pacífica. Afortunadamente, el territorio existe, no es virtual, y esa distinción inicial marca la pauta de los sucesos que se desencadenarán después.

¿Cómo vive la lacra del terror?

A. G. En Oriente Medio llevamos tantos años en guerra —y no es que uno quiera acostumbrarse a esa lamentable situación—, que se han perdido las ganas de alcanzar la paz. Diría, más bien, que los palestinos y los israelitas sólo desean desestabilizar el sistema.

¿Algún ejemplo concreto?

A. G. Isaac Rabin, el primer ministro israelí, de inspiración política moderada, fue asesinado por los terroristas palestinos. ¿Acaso nadie quería vivir en paz? ¿O es que ninguno la deseaba? Lo que más me molesta es que desde el extranjero este conflicto se contempla de manera exótica.

¿Llegará un día en que palestinos e israelitas vivan en paz?

A. G. No podemos ser pesimistas. Si lo somos, entraremos en el imperio del pensamiento nihilista. Se trata de ser optimista, aunque las circunstancias no sean las que todos desearíamos.

¿De qué manera lograría una existencia pacífica?

A. G. Como sabes, España tiene raíces musulmanas. Durante esos siglos hubo una mezcla grande entre judíos, cristianos y musulmanes. ¡Por entonces todos vivían muy bien! La arquitectura era musulmana, el pensamiento judío y las opciones estéticas cristianas. Entre estos tres grupos se estableció el diálogo. ¡De esa manera lo lograría!

Según usted, ¿cómo ha de ser el cine?

A. G. Subversivo. Debe plantear cuestiones políticamente incorrectas. No creo que el cine vaya a cambiar la sociedad, pero al menos estamos a tiempo de ofrecer otra visión sobre la sociedad.

¿No es muy tópica esa idea?

A. G. Más bien práctica. El cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder y el italiano Roberto Rosellini establecieron en su cine una relación y un diálogo directos con la sociedad, con independencia del género: documental, ficción... Lo importante es que hoy día generemos esa visión objetiva que propugnaban aquellos cineastas. El pintor español Diego Rodríguez de Silva Velázquez retrató a la monarquía, pero lo que mostró fue su decadencia.

¿El gobierno de su país le sigue poniendo trabas en su trabajo?

A. G. No es que me pongan trabas, simplemente soy criticado. Pero estoy vivo, no como en la época del dictador Pinochet, donde aparte de criticarte te asesinaban. ¡Trabajo en libertad, a pesar de las criticas!

En el filme convergen tres mujeres de culturas diferentes. ¿Por qué decidió que ellas lo protagonizasen?

A. G. El hombre ha demostrado de lo que es capaz, dado que es responsable de todas las desgracias que han asolado el territorio: los jefes de los terroristas, los ministros corruptos. Así que pensé en cómo unas mujeres podrían desenvolverse en un ambiente tan gris.

¿Por qué plantea en sus películas temas sobre la identidad judía, el territorio, la imaginación colectiva mitológica, elaborada a partir de los textos fundamentales del judaísmo, empezando por la Biblia?

A. G. Es la forma que tengo de manifestar mi forma de hacer cine. Pero más que de la Biblia, lo importante para mí es el libro del Antiguo Testamento. Creo que el libro es uno de los logros más importantes del mundo, tanto por su código moral, como por sus grandes valores. Está lleno de belleza e inteligencia.

Al finalizar el filme se produce una discusión tonta, en la que funciona bien el humor. ¿Para que la empeló exactamente?

A. G. Es mejor estar todo el día discutiendo, aunque no te pongas de acuerdo, a que terminemos matándonos, ¿o no?

En ‘Zona libre’ emplea algunos planos secuencia y cámara en mano. ¿Improvisa durante el rodaje?

A. G. De vez en cuando dejo guiarme por impulsos personales, y entre ellos está agitar la escena todo el rato.

¿Qué piensa sobre la victoria electoral del movimiento fundamentalista Hamás?

A. G. El voto no ha ido en contra de Israel, sino que ha sido un voto de castigo por la corrupción que se había generado en el gobierno palestino de Al Fatah.

Usted dice que Israel intenta crear una imagen mítica como país.

A. G. Si Israel ha construido su propia mitología, ha de ser ella misma quien la desmitifique.

¿De qué manera?

A. G. Ahondando en la cotidianeidad, en la relación entre las personas. El movimiento por la paz sólo puede surgir de lo cotidiano. Basta de promesas y utopías...

¿Cree que los medios de comunicación no informan bien de los conflictos que existen en su país?

No me gusta que las noticias se centren sólo en las imágenes como espectáculo, sin que aporten suficientes ingredientes de comprensión. Por eso está distorsionada la imagen de Oriente Medio.