Bajo las estrellas: Magnífica adaptación de El trompetista de Utopía

                                                                                          Por JOSÉ MANUEL ESCRIBANO


 

Director: Félix Viscarret. Producción: Fernando Trueba. Guión: Félix Viscarret. Intérpretes: Alberto San Juan, Emma Suárez, Julián Villagrán, Violeta Rodríguez.

Félix Viscarret ha dirigido cuatro cortometrajes y éste es su primer largo: hay que recordar que ganó en el pasado Festival de Málaga el premio a la mejor película, y además otros para el director, el protagonista y el guión; confirmando así que mientras realizadores y productores consagrados insisten en ignorar el Festival, Málaga atiende y consagra a jóvenes promesas que renuevan y enriquecen el panorama cinematográfico español.

 

De la mano de Fernando Trueba, Viscarret ha adaptado la novela de Fernando Aramburu -una magnífica adaptación, por cierto- El trompetista del Utopía. El Utopía es el bar donde trabaja “Benny Lacun”, maravilloso trompetista de éxito internacional... según sus sueños imposibles. El personaje real sólo es Benito Lacunza, músico frustrado, camarero suplente y rascachapas del local; es decir, el que recoge las botellas vacías y los vasos abandonados en la madrugada solitaria y pestilente del bar.

Benito es un desastroso superviviente, perdedor de ilusiones y ganador de ausencias, un tipo con la luz perdida bajo las greñas, de mirada oscura, amor vacilante, memoria aniquilada y futuro imperfecto tirando a defectivo. Un día, cuando todo le va tan regular que no le importa que pueda ir a peor, se entera de la agonía de su padre, allá en el pueblo de Navarra que un día fue también el suyo. Benito se acuerda entonces del pueblo, se acuerda –mal– de su padre, y casi no se acuerda de nada más. Eso sí, también recuerda que allí quedó su hermano, con el modesto trabajo familiar y con el padre y con los restos del naufragio que el mar del tiempo se encargó de liquidar.

 

 

 

Benito se va para el pueblo, porque piensa que debe rendir a su padre el último homenaje de su -ya inútil- presencia en el funeral. Y allí, efectivamente, se reencuentra con su hermano Lalo, con algunos recuerdos de amistades, juegos infantiles y correrías juveniles, con el olor de la calleja húmeda, el ruido sin diapasón de la taberna, la extrañeza de alguna novedad y alguna discrepancia de orden rural y batasuno... y con Nines.



Es medio novia de su hermano y también fue medio algo de Benito, allá en esos años, en esa evocación de pronto recobrada, con una tarde lluviosa, el roce del vestido, un beso y un temblor que de nuevo acaricia sus sentidos... Nines, ahora, se pelea con la vida, con medio mundo y con su hija Ainara, una chiquilla indómita, maleducada y ferozmente inocente.

Y Lalo... Lalo está entre aquí y el más allá, entre el arte y la chatarra, entre el sueño y la tristeza más descarada. Lalo es un ángel, y cuanto más hunde su peana en la tierra, más tiran de él sus alas hacia el cielo. Así es que Benito descubre que le queda amor para su hermano, respeto para su padre, sorpresa para Nines y hasta ganas de reir, emborracharse, cantar a grito pelado, tocar la trompeta destemplada, meterse en broncas y aventuras... y vivir.

Magnífico relato, estupenda historia de vidas no ejemplares, con escasa gloria pero mucha magia; sin héroes, pero llena de poetas inconscientes, gentes sin éxitos ni aplausos pero merecedores de otra posibilidad, personas desconocidas pero con intérpretes que nos las acercan –Alberto San Juan, Emma Suárez en estado de gracia-, para hacérnoslos próximos y reconocibles. Félix Viscarret los organiza con estupendo pulso, con ritmo cordial, dejando lugar para la recreación, la ensoñación y la añoranza y para el sentimiento que va de la dureza del temor insomne a la ternura del abrazo en la primavera presentida.

Así es que cuando acaba esta estupenda, sencilla y sensible película, despedimos -pero no olvidamos- a nuestros protagonistas: Lalo en la melancolía; Ainara, niña rebelde, con el futuro brillando en sus pupilas; Nines, madre y colega, novia insumisa y luchadora; Beni Lacun, formidable trompetista de imaginarios conciertos al raso, con humo y más alcohol, bajo el edredón y sobre las estrellas... No es fácil que les vaya bien; pero nosotros se lo deseamos de todo corazón.

 

José Manuel Escribano