Che, el argentino * * * *

                                                      Por Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI 

 



Director: Steven Soderbergh. Intérpretes: Benicio del Toro (Che), Demián Bichir (Fidel Castro), Santiago Cabrera (Camilo Cienfuegos), Elvira Mínguez (Celia Sánchez), Julia Ormond, Jorge Perugorría (Joaquín), Edgar Ramírez (Ciro Redondo), Victor Rasuk (Rogelio Acevedo), Armando Riesco (Benigno), Catalina Sandino Moreno (Aleida Guevara), Rodrigo Santoro (Raúl Castro), Unax Ugalde (Pequeño Cowboy), Yul Vázquez (Alejandro Ramírez). Guión: Peter Buchman; inspirado en "Pasajes de la guerra revolucionaria" de Ernesto Che Guevara. Producción: Laura Bickford y Benicio del Toro para Telecinco Cinema, Morena Films y Laura Bickford Productions. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Peter Andrews. Fecha de estreno en España: 5 de septiembre de 2008.


A estas alturas el mito del Che ha sido tan ensalzado, vilipendiado, deformado y, en definitiva, manoseado, que resulta casi imposible acercarse a él. Pero sabemos que Steven Soderbergh ha acertado simplemente por un síntoma inequívoco: que suena a “fresco”, a algo que bien pudo ser así, o no; pero que él hace interesante y hasta creíble, si no fuera por la ausencia inexplicable de alguna falta o exceso en su personaje. Soderbergh se aproxima a Guevara en plena madurez profesional y después de haber tocado muchos géneros: desde la incursión familiar agridulce de Sexo, mentiras y... a la épica privada Erin Brockovich, la epopeya social de Traffic, o la comedia coral de la saga Ocean’s. Eso, en cuanto a sus contenidos; y al hablar de formas y presupuestos, pocos realizadores han sabido dar el salto del cine independiente a la superproducción tan limpiamente. Todo eso se refleja, se suma, a Che, el argentino, un relato y un tratamiento nada convencional de un personaje a estas alturas demasiado “convencionable”. A Soberdergh no le interesa, es evidente, la biografía de un símbolo planetario manipulado hasta el hartazgo; sí le interesa en cambio la carnalidad que entraña en el día a día, el cuerpo a cuerpo. Y ese es el gran acierto de Soderbergh: el punto de vista; además de una eficaz y sobria puesta en escena y una dirección de actores (él sabe mimarlos como pocos) que coloca a Benicio del Toro en el podio de los grandes. De cómo resuelva la segunda parte, Guerrilla, depende la rotundidad del díptico. Mientras llega, es justo reconocer que le ha salido uno de los mejores “Ches” que en el cine han sido.

Mª José Sánchez Lerchundi