| En la ciudad de Silvia |
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Por
Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI |
Guión y realización: José Luis Guerín. Intérpretes: Xavier Lafitte, Pilar López de Ayala. Productor ejecutivo: Luis Miñarro. Fotografía: Natasha Braier. Montaje: Nuria Ezquerra. 2007. 90 minutos. Por supuesto que hay tantas clases de cine como directores: los hay divertidos, tortuosos, resultones, taquilleros, pretenciosos, cultos, desagradables, vitalistas, amorfos... y ARTISTAS, son esos que a lo del Séptimo Arte le dan pleno sentido. Con José Luis Guerín y En la ciudad de Sylvia el Arte está demostrado. Desde la 1ª noche (son tres, las del relato) y también desde la primera secuencia, se ve la vocación plástica de Guerín: cómo encuadra la ventana, la mesa, el llavero,... planos en absoluto silencio, magníficos, con una idea clara: la composición estética, no estática; la intención de atrapar el momento -ese momento, no otro-, y de amarrarlo de tal manera que autor y espectador empiezan a andar yrespirar al unísono. También “el chico” (espléndido, Xavier Lafitte) sentado en la cama del Hotel Patricia, escribe, dibuja y piensa al ralentí (como todo hijo de vecino cuando está cavilando) maravillosamente ajeno a “lo cinematográfico”. Inmediatamente después, plano exterior del callejón: la cámara no se mueve, sólo “mira” lo que pasa; y pasa gente de todo tipo. Es portentoso: apenas cuatro palabras, dos golpes de objetivo y lo sabemos todo, tenemos el retrato casi completo del barrio. Queda algún que otro rincón: la plaza, la terraza y su ambientillo, el tranvía, la disco... pero es, sobre todo, él; él y su obsesión (luego comprobaremos que hay otro más persistente y obsesivo: el que escribe en las paredes de medio Estrasburgo Laure, je t’aime). La anécdota elevada a categoría, a reflexión. Igual que En construcción, Guerín nos acaba de convertir por arte de magia (la suya, desde luego) en fisgones emocionados. Eso sí: el espectador se entrega, aunque es el realizador el que pone el resto: hay que saber encuadrar, motivar a los actores, elegir caras, optar por ciertos rincones, seleccionar actitudes. Y decidir con la maestría de Guerín. Pura poesía fílmica. Y buen gusto. Sobran las palabras. Y hasta sobra la historia: pase lo que pase, nada como la espléndida sensación de “estar ahí”, de habernos colado. Igualito que esos programas televisivos. Pero también es cierto que, ni todos los directores son iguales, ni todos los espectadores tampoco, y que para gustos... Mª José Sánchez Lerchundi
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