enamoran
y se engañan entre ellas, entiende y vive las relaciones sentimentales
y sexuales hoy en día. A éstas últimas se acerca
especialmente, de ahí el título original en inglés,
que significa "más cerca". De hecho tanto, que sin llegar
a ser visualmente pornográfica, sí lo es desde el punto
de vista dialéctico. Tiene que serlo, a las cosas hay que llamarlas
por su nombre y el guionista, Patrick Marber, autor también
de la obra teatral en la que ha basado el texto cinematográfico,
no se corta un pelo a la hora de dar detalles.
Con esto no quiero decir que
la película sea zafia, al contrario. Ese es otro de los aspectos
de ella que sorprenden, porque el sexo está tratado con una elegancia
inusual, y es un lujo, una rareza, ver que en un largometraje norteamericano
se le da la vuelta a la habitual grosería que rodea al tema tabú
por excelencia, al que presentan siempre como algo escatológico
con protagonistas quinceañeros y desesperados que nada saben de
él.
La pregunta que surge ahora
es: ¿y qué hay de las consecuencias de una vida alocada
e irresponsable? Las muestra, sí pero pertenecen ya, en la cinta
al menos, al terreno de lo sentimental y al daño que sin duda provoca
el engaño. La película no juzga, sólo nos deja acercarnos
(de nuevo referencia a su gran título) a un cachito de las vidas
de quienes la protagonizan, a la sazón, tres estrellas del firmamento
cinematográfico, como son Julia Roberts, Jude
Law y Natalie Portman, y un cuarto en discordia,
Clive Owen, que, sin llegar a serlo aún, va camino de
convertirse en otra. Los cuatro están brillantes, es difícil
decantarse por uno, aunque como la competición está presente
allá donde se mira, y además estamos en tiempos de premios,
injusto sería que Natalie Portman no los obtuviera todos. Al menos,
para no exagerar, cuantos más mejor. Porque se los merece. Porque
si bien su papel es el más agradecido, no es menos cierto que el
talento de esa chica, a la que hemos visto crecer en la pantalla, ha estado
en ella desde siempre.
No es de extrañar la calidad interpretativa.
Mike Nichols es un magnífico director de actores, y debido además
a su trayectoria en el medio teatral, resultaba ser el nombre idóneo
para llevar a acabo el trabajo. El propio Nichols convenció al
autor de la obra para que le cediera los derechos y la adaptara al cine,
dándole la libertad que las anteriores ofertas recibidas le negaban.
Desde luego, para quienes lo desconocíamos, una vez ilustrados
con este dato es fácil asociar el guión con un texto inicialmente
concebido para las tablas de los escenarios, pero el resultado final es
tan espléndido que ni por el lado de las localizaciones —exteriores
en Londres o interiores construidos para la ocasión—, ni
por el del director, que adopta soluciones cinematográficas como
el flashback para ilustrar una conversación presente, sería
posible asegurar que no fue una historia nacida para la pantalla grande.
En cualquier caso, venga de donde venga, ahora todos disfrutamos de Closer.
Ya está convertida en película, ya tiene un formato universal
y de sencillo acceso. El cine se merecía un regalo así.
Y nosotros también.
Silvia García Jérez
|