Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel * * |
Por Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI |
Título Original:Coco avant Chanel. Año: 2009 Francia. 105 min. Director: Anne Fontaine. Guión: Anne y Camille Fontaine, según el libro L`irrégulière de Edmonde Charles-Roux. Intérpretes: Audrey Tautou, Benoît Poelvoorde, Alessandro Nivola, Emmanuelle Devos... Fecha de estreno en España: 5 junio 2009. Gabrielle es una niña internada con su hermana en un orfanato de Francia que espera cada domingo que su padre venga a recogerlas. Ya adulta trabaja cantando en un cabaret de medio pelo, allí conoce al que se convertirá en su protector, que la introduce en los decadentes círculos sociales. Coco es entonces una rebelde, considera las convenciones agobiantes y por eso se viste con la ropa de sus amantes. Pero se lanza definitivamente diseñando sombreros hasta consagrarse como modista en París. El peligro inmediato de toda biografía no es tanto que sea, o no, ajustada o incompleta sino su propósito inicial de subrayar sólo los aspectos positivos del protagonista. Ocurre constantemente, la historia del Cine está llena de ejemplos. Lo inusual en todo caso (y hasta lo mezquino, sin más) sería dedicar tiempo y esfuerzos a denigrar a alguien... pero, claro, todo tiene sus dosis; y en Cocó asistimos a un caso evidente de borrachera elogiosa. Es, sin duda alguna, su pecado original, el mayor fallo de la película, centrada en los años de iniciación de la diseñadora, luego célebre no precisamente por su buen carácter ni su trato amable. La Gabrielle que se nos presenta aquí es una dulce niña/mujer seductora y muy tenaz en sus pretensiones. Una palomita inquieta y sagaz con buenos contactos y mejor suerte. Aceptado ese escenario, pocos elementos chirrían en el bien engrasado engranaje: una puesta en escena reluciente (del lujo y de la moda se trata), ritmo aceptable y un correcto reparto; luego, conclusión: discurre de la forma más amable y se deja ver muy bien. Anne Fontaine le ha cortado a la joven Cocó un traje cómodo, favorecedor y elegante; y como otra gran modis-ta también, la directora deja por dentro y sin enseñar, las costuras, los flecos y los hilvanes. Audrey Tautou, estupenda, pero casi superada por un espléndido Benoît Poelvoorde. Y es que ella (dirección de actores) no consigue borrar las huellas de la todavía identificable Amélie. Son dos personajes dispares, nada tienen que ver y no convenía relacionarlos, ni hacerlos coincidir. Pero coinciden a veces peligrosamente. Mª José Sánchez Lerchundi
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