La duda * * * *

                                                      Por Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI 



Título Original: Doubt. Año: 2008

País, género y duración: EE.UU. Drama. 104 min.

Director: John Patrick Shanley. Guión: John Patrick Shanley, basado en su obra de teatro, Premio Pulitzer.

Intérpretes: Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis.


1964, en el Bronx, el Padre Flynn (Philip Seymour Hoffman) intenta cambiar las estrictas costumbres de la escuela, custodiadas con mano de hierro por la directora, la hermana Aloysius (Meryl Streep). La escuela acaba de aceptar al primer estudiante negro y cuando la hermana James (Amy Adams) sospecha de que el Padre está prestando demasiada atención al alumno nuevo la hermana Aloysius quiere saber la verdad y expulsar al Padre Flynn.

Ni la generosidad, ni la mezquindad, nos acercan a la verdad. Porque la verdad –se afronte como se afronte- es una. En ese inquietante territorio de las sospechas y las interpretaciones personales se mueve el extraordinario relato de La duda. Se trata de saber quién, con su actitud, está pisando la raya y traspasando todos los márgenes de la humanidad. Para descifrar semejante dilema John Patrick Shanley nos convierte en jueces y, como sus personajes, sólo disponemos de las palabras. Palabras, eso sí, magníficamente construídas; diálogos de una increíble fuerza que todos los actores –empezando por la asombrosa Mery Streep- desgranan conmovedoramente sobre la pantalla y, para ser más exactos, sobre nuestras propias conciencias. ¿Dónde está la verdad? La cuestión que Shanley plantea de manera tan brillante no se convierte en un mero ejercicio moral, va más allá: expone los datos y dosifica la historia de tal forma que nos sumerge en una intriga, un suspense, al que no le sobra ni una pieza.

Enorme trabajo de reconstrucción fílmica que respeta el esquema de la obra de teatro original pero que es indiscutiblemente cine; sobrio, elegante y natural. Por lo demás, las situaciones resultan sobrecogedoras: la estricta directora, el sacerdote campechano, la novicia ingenua o la madre desesperada. Hay momentos, conversaciones, de un voltaje arrollador. Y además, con cuatro trazos, un imponente retrato sociológico de la época. En 1961 William Wyler abordó con maestría una cuestión muy similar en La calumnia; La duda no sólo no le queda a la zaga, sino que la supera. Esta también es de las que dejan huella.

 

Mª José Sánchez Lerchundi