Esmerada
producción rodada por uno de los directores más revolucionarios
del cine actual, que dejó sobrada muestra de su versatilidad en
la excesiva -en todos sus sentidos- Gángsters de Nueva York
hace tres años. En su conjunto, el filme es un mural épico
que hace un retrato nostálgico de una época esplendorosa
y de un héroe patológico. En ella, Scorsese adentra el bisturí
sobre la personalidad de Howard Hughes, haciendo especial énfasis
en sus relaciones amorosas, su capacidad para rehacerse profesional y
sentimentalmente, y en sus manías y fobias que le convirtieron
en un hombre raro.
Leonardo DiCaprio es el actor
que da vida al peculiar personaje, dotándole de suficiente expresividad
las veces que sufre cualquiera de sus crisis. Su interpretación
se distingue bien en sus dos partes al encarnar al joven y al adulto Hughes,
en las que sobresale. Es probable que esta película recuerde al
espectador algunas situaciones paródicas, que resolvió de
manera satisfactoria DiCaprio cuando interpretó a Frank Abganale
en Atrápame si puedes, de Spielberg. La mayoría del reparto
realiza un trabajo excelente, especialmente Baldwin, Holm, y las grandes
actrices Blanchett y Beckinsale, si bien esta última no alcanza
la belleza de la inmarcesible Gardner. Son memorables las secuencias que
DiCaprio comparte con Alda, o con cualquiera de las féminas protagonistas,
además de la espectacularidad visual de todos los sucesos aéreos.
La densa e intensa cinta El
aviador tiene una magnífica puesta en escena, donde el cuidado
por el detalle es brillante (la pastilla de jabón, los asientos
de la sala de proyección, el vestuario de los intérpretes,
los paneles de control de los aviones, etcétera). La banda sonora,
al compás inconfundible de las castañuelas, y la fotografía,
con sus contrastes entre el blanco y negro y el color, dan sobrada muestra
de un resultado final espectacular.
Sin embargo, el guión
tiene notables lagunas, al no explicar de manera clara qué impulsa
al protagonista construir aviones o crear un imperio en Hollywood. La
necesidad de un prólogo, más allá de las visiones
en flashback de Howard niño, es necesario para comprender
al ambicioso millonario y su evolución o involución de su
problema psicológico. De igual manera, la cinta insiste en la repetición
de determinadas cuestiones cuando ya quedaron claras desde su origen.
Es el caso de cómo afectan al protagonista las crisis o las pericias
con los aviones que resultan demasiado largas. Y por ahí patina
el discurso narrativo. Pero el guión también tiene diálogos
enriquecedores y muy dinámicos que agilizan la historia.
Hay homenajes, que son reflejos
de la realidad del protagonista, de las películas que Howard produjo
como Scarface o Ángeles del infierno. También,
una referencia a George Cukor y Cary Grant, con quien se dijo que Howard
mantuvo una relación sentimental.
A pesar de su duración,
la película engancha desde el primer fotograma, la historia biográfica
es atractiva y sus actores y la factura técnica son de alta calidad.
Agárrense porque esta noche tendremos tormenta.
José Luis Panero
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