Enrique Herreros

marisol

Resulta un honor entregarle una medalla a toda una leyenda, el hombre al que le tocó calmar a Frank Sinatra, cuando éste había enloquecido por culpa de Ava Gardner. Testigo de la época dorada del cine, España le debe un par de Oscar, y cuentan que si te invita a su casa, tiene en las paredes fotos suyas con figuras de la talla de Charles Chaplin, Charlton Heston, Ingrid Bergman o John Huston.


            Ha cumplido 88 años (y los que le quedan), y afirma que aprendió a vivir “de muy buen padre”, ya que es hijo del no menos indómito escritor de La Codorniz, así que desde pequeño se relacionó con los amigotes y compañeros de su progenitor, nada menos que Miguel Mihura, Tono y Enrique Jardiel Poncela, entre otros. Su currículum no cabe en LinkedIn. Ha sido Jefe de publicidad de United Artist en España, de Paramount para Iberoamérica, y director de las campañas del Oscar de Volver a empezar y Belle Époque. Ha estrenado en España numerosos títulos, como Apache, Trapecio, Candilejas, Tiburón y Vértigo, tras cuya presentación convenció a Alfred Hitchcock de que se dejara tomar unas fotos en un cementerio donostiarra.


            Fue promotor de Julio Iglesias y responsable de dos giras de Sara Montiel por Iberoamérica, lanzó la carrera cinematográfica de Carmen Sevilla, y ha sido colaborador de diversos programas de TVE, a los que traía artistas extranjeros en una época en la que no era nada común que pasaran por España. Residente en Los Ángeles durante mucho tiempo, protagonizó la madre de todas las anécdotas del cine español, cuando después de que José Luis Garci consiguiera el Oscar, se fueron a los lavabos del Dorothy Chandler Pavillion, donde ambos descubrieron que tenían en el retrete a un lado a Paul Newman y al otro a Jack Lemmon. Autor de numerosos libros, este año ha publicado otro: A mi manera, donde cuenta jugosas anécdotas de grandes estrellas, como Burt Lancaster y Orson Welles.