ENTRE COPAS (SIDEWAYS)
                                                                                          Por CRISTINA G. MONTERO



Si conseguimos abstraernos un poco de los Oscar, podremos saborear el recuerdo de esta película como el buen vino. Después de ver la comedia Entre copas, y siguiendo con los términos propios de la enología, se te queda en el paladar un regustillo dulce, no excesivo, y tampoco demasiado ácido, con la dosis justa de alcohol. Pero como mi fuerte no es la vinicultura, y el sabor a roble, frutas del bosque y demás se lo dejo a los expertos, me alejo de las comparaciones con el vino para afirmar con rotundidad que Entre copas es un soplo de aire fresco. Y sí, tiene un Oscar muy merecido al guión, que realmente es uno de los fuertes de la película.

      


       Rebobinemos: Sideways cuenta las experiencias de dos amigos cuarentones y antagónicos la semana antes de la boda de uno de ellos. Jack (Thomas Haden Church), es un actor de medio pelo que contrae matrimonio por inercia, y su amigo Miles (Paul Giamatti), un profesor de literatura, escritor frustrado, en plena crisis tras su divorcio. Miles, gran experto en vinos, le organiza a Jack una semana destinada a recorrer los mejores viñedos californianos y, por supuesto, a degustar las mejores cosechas. Aunque Jack tiene pensada una despedida de soltero un poco más atrevida... algo que se pondrá de manifiesto cuando se encuentren con Maya (Virginia Madsen) y Stephanie (Sandra Oh), sus nuevas compañeras de viaje.

       Quería abstraerme de los Oscar por una razón, y es que esta película está hecha sin pretensiones, por eso resulta ser un "soplo de aire fresco". Se trata de una reflexión muy bien contada sobre la vida (y qué mejor momento que reflexionar sobre la vida cuando nos encontramos a mitad de camino), el sexo, el amor, la amistad y la actitud con la que nos enfrentamos a todo ello. La originalidad de esta obra, y su encanto, es que estos elementos están regados con buen vino, "ser vivo" que no deja de ser una metáfora de nuestra propia existencia. Como el buen caldo, en el que influyen el año de cosecha, la meteorología, momento de recogida y tiempo de conservación, el ser humano es una mezcla de circunstancias que muchas veces no controlamos. Y esta conclusión es la que sacamos después de disfrutar de uno de los momentos más emotivos de la cinta, cuando asistimos a una conversación entre Maya y Miles sobre su pasión por el vino, entendiendo así su actitud ante la vida. Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que estamos ante uno de los puntos álgidos del filme, y de su premiado guión, pero... la verdad es que hay golpes de humor en Sideways tan inesperados que me quedo con ellos como lo mejor de la película, precisamente por eso, por lo inesperados que son.

      Humor inteligente, que diríamos. Y es que si hacemos referencia a su director, Alexander Payne, como el nuevo icono del cine independiente, y además nos encontramos ante una comedia, es lo mismo que hablar de este tipo de humor. Porque así se las gastan últimamente los términos cinematográficos: cine independiente + comedia = humor inteligente. Podemos utilizar la misma fórmula con su anterior filme, About Schmidt, protagonizada por Jack Nicholson. Sí, hablamos de ese humor agridulce del que se destila la eterna necesidad de preguntarnos cuál es nuestro sitio en este mundo. Y si los actores están a la altura de sus personajes, esos personajes mundanos en busca de la trascendencia, entonces hablamos de una cinta sobresaliente. En Sideways todos los intérpretes están sobresalientes, aunque yo destacaría a un Paul Giamatti que me sedujo desde el primer momento. Termino haciendo referencia al vino español, del que me estuve acordando durante toda la película. Que el vino californiano, y más si es Pinaud, será todo lo bueno que quieran, pero donde se ponga uno de la tierra... es que no sabemos vendernos, como ocurre con el cine, pero esto ya da para otro tipo de conversación.

Cristina G. Montero

 

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