| Carlos Iglesias : “Filmamos en Suiza gratis, las gentes nos traían sus cosas más valiosas” |
Por
JOSÉ MIGUEL CANO |
Atrayente, luminosa y de gran frescura es la ópera prima que nos ofrece el actor y director Carlos Iglesias. Un franco, 14 pesetas sorprendió a críticos y público en el reciente Festival Internacional de Málaga. El director estrena el filme el 5 de mayo en todo el territorio nacional. En un visionado privado de la cinta para críticos de cine y amigos, Iglesias nos fue desgranando el proceso de filmación de la atrayente película española, salpicada con hilarantes momentos de humor, y gratificantes escenas llenas de luz y colorido. Unos años -entre los 50 y los 60-, donde los españoles emigraban a Suiza para ganarse el sustento de sus familias. |
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C. I.: El guión está sacado de los recuerdos de mis padres, y de mis propios recuerdos. Estuve dos veranos recopilando historias de emigrantes en Suiza, de españoles e italianos; y de cómo recibieron los suizos esa avalancha de emigrantes que les llegaron en los años 60. Suiza, en aquéllos años tenía cinco millones de habitantes, y un millón de emigrantes. Ahora, en nuestros días tiene siete millones de suizos, y dos millones de emigrantes. ¿Es un homenaje a los emigrantes? C. I.: Yo creo que es una reflexión sobre nuestra condición de ex-emigrantes. Una mirada nueva, una historia no contada sobre la emigración en Centro Europa donde, al contrario, de lo que mucha gente cree, no nos trataron mal en absoluto… a muchos les dieron un oficio, cosa que no tenían. Toda la emigración me ha conmovido, porque si algún día llegara la emigración a este país nuestro, como ahora está sucediendo, íbamos a tener esa sensibilidad de haber sido emigrantes. ¿Cuánto has tardado en recopilar datos y en filmarla?, ¿has tenido alguna ayuda de las instituciones y televisiones españolas? C. I.: Han sido cuatro años realmente intensos de recoger información de primera mano. Rodar ha sido muy costoso. Las ayudas han venido de TVE, la Televisión de Galicia y la Xunta, que han sido muy receptivos con la película porque ellos, han sido o han tenido familia de emigrantes; y las ayudas que presta el Ministerio. ¿Cuál ha sido la anécdota simpática del rodaje? C. I.: Cuando estábamos localizando en Suiza, de pronto, le dije al productor: "Mira, en ése piso he vivido yo con mis padres". De pronto, baja una señora al portal, y le pregunto: "Oiga, ¿quién vive ahora en el segundo?", y me contesta: "Está libre, se fueron hace una semana y media, pero yo no soy la casera"… Entonces, nos dio el número del casero, y alquilamos, por una semana, mi propia casa. Otra de las escenas fue en el sótano de Argüelles, dónde yo nací en Madrid, absolutamente real para la película.
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C. I.: Hay dos críos, el pequeño había hecho algo de publicidad, pero el mayor no había hecho nada detrás de las cámaras. Le cogimos en el colegio suizo, porque yo necesitaba un crío bilingüe, hicimos pruebas a siete chavales, y nos decidimos por él, era lo primero que hacía. Me gustó mucho el resultado, está muy sobrio y muy creíble. En cuanto a los actores, la dirección ha sido explicándoles que nos bañábamos en aquélla época en barreños, y que en España, todavía no se conocía el papel higiénico, ¡figúrate!. ¿Suiza apoyó en los rodajes? C. I.: Fue increíble, nos apoyaban en todo. Los trenes nos lo puso el ferrocarril suizo y filmamos totalmente gratis, la fábrica gratis, la escuela gratis, el pueblo Schwelbrunn -me lo escribe el propio Carlos Iglesias-, se volcó en todo, fue realmente alucinante, rodamos a diez kilómetros, en localizaciones donde yo me crié en Suiza. Llegué con cinco años no cumplidos, y estuve allí hasta los doce años; justamente cuando te estás formando, que eres una esponja, y captas todo. Suiza, para mí, es mi patria chica. El Ayuntamiento del pueblo suizo me avisó cuando cayó una nevada en diciembre, y fuimos allí a filmar aquéllas maravillosas escenas con la nieve, cincuenta centímetros de nieve que llenó el pueblo. Estuvimos una semana sacando planos del pueblo, filmamos mucho material. Otra de las cosas de las gentes del pueblo es que nos traían sus cosas más valiosas, los coches que tenían de época para la película, motos, recuerdos de antaño… era muy fácil filmar porque venían las cosas a nosotros, no nos lo creíamos. La experiencia en planificación de planos y dirección de actores, ¿ha sido realmente complicada? C. I.: No, en absoluto. Yo tenía muy bien planificada la película, muy pensada. Luego tenía un equipo maravilloso, cuando tenía dudas técnicas, me apoyaron mucho. ¿De cuánto hablamos de presupuesto? C. I.: Aproximadamente unos 350 millones de pesetas en el presupuesto final; con publicidad ya nos meteríamos en 400 millones o más.. ¿Qué piensas de la emigración, en nuestros días, que viene a España? C. I.: Yo veo que nos adaptamos. Desde que empecé a escribir el guión, ha evolucionado todo. Me sigue pareciendo increíble, que en la urbanización donde vivo en Villalba, que estamos rodeados de emigrantes, no se les dirija un saludo amable y cordial; pasamos, a través de ellos, como si fueran estatuas inmóviles. Yo soy un hombre de izquierdas, que considero que deberíamos de entender un poco la condición de emigrantes. ¿Qué planes tienes previsto después de hacer la promoción, y estrenar? C. I.: Necesito tranquilizarme un poco, cuando todo esto haya pasado, tengo planes, pero aún es pronto para contarlo.
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