| Damián Szifrón : “Mis héroes son como Woody Allen en una película de acción” |
Por
JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN ISABEL P. SANTA MARÍA |
Nacido en 1975, el argentino Damián Szifrón era famoso por la popular y premiadísima serie televisiva Los Simuladores, de la que fue creador, guionista y director. Formado entre 1991 y 1996 en la Escuela Técnica O.R.T. y en la Universidad del Cine, realizó varios cortos y mediometrajes —como Oídos sordos, Punto muerto o Los últimos días— antes de debutar en la larga duración con El fondo del mar. Tres años después de ese filme, confirma sus cualidades en Tiempo de valientes, espléndida comedia de acción, sobre las andanzas en Buenos Aires de un policía y un psicoanalista. |
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Damián Szifrón: No es posible. El humor prima sobre otros géneros, como el policiaco; pero también hay aventuras, spaghetti western… La clave son mis héroes hipersensibles. Yo crecí con Schwarzenegger y Stallone, que eran demasiado apolíneos. Ahora, mis héroes son como Woody Allen en una película de acción. Usted no desprecia a los espectadores. ¿Cómo lo hace? D. S.: Nunca podría pensar en espectadores diferentes de mí. Yo antes que director fui espectador; así que, cuando imagino, intento ser genuino y apelar a la inteligencia del que lo va a ver, sin subestimarlo nunca. ¿Cómo es ese proceso? D. S.: En realidad, no me propongo hacer una comedia. Más bien, me imagino el conflicto central, me resulta angustiante y me meto con los personajes para sentir con ellos el efecto de liberación o la sensación de que existe felicidad después de la crisis. Eso también genera alegría al propio autor. De hecho, la comedia surge de la sensación de que no podía existir alegría y luego existe. ¿Qué prima en su película: la acción o los personajes? D. S.: La película tiene acción y aventura, pero lo importante es la amistad que une a estos dos tipos y les permite resolver este caso de intriga. Por tanto, la esencia de la película tiene que ver con los conflictos internos de los personajes más que con el uranio, los helicópteros o el tono heroico. De todas formas, no dejan de ser unos héroes... D. S.: Desde luego. Pero su heroísmo reside en que los personajes descubren la verdad de sus vidas, que está tapada por el día a día antes de que comiencen su aventura. Tanto el psicoanalista como el policía viven con cierta incoherencia; pero, ante tanta corrupción, su sentido común se transforma en heroísmo. Ese pasar a hacerse cargo de lo que realmente ansían es para mí un acto de valentía. Por eso el título. ¿Por qué rechazó hacer una coproducción con España? D. S.: Escribí este guión en soledad, sin ninguna imposición comercial. Cuando lo acabé, nos ofrecieron coproducción con España. Pero había que introducir personajes y actores españoles, y eso no me gustó. Intuyo que las coproducciones desnaturalizan muchos proyectos, pues siempre arrancan algo a la historia original. Así que decidí ser genuino y confiar en que la gente la vería, aunque tuviera menos presupuesto. ¿Guionista o director? D. S.: Pienso en el cine como un proceso integral. De hecho, nunca he dirigido guiones ajenos, ni nunca han dirigido mis guiones. En realidad, escribir, dirigir y montar son las diversas facetas de imaginar una película. ¿En qué fase disfruta más? D. S.: Escribo e imagino a mi aire, en soledad, y disfruto mucho. El rodaje es más agitado, más enérgico y bélico, hay discusiones... Además, aparecen la fotografía, el vestuario, los colores... Se va viendo la película. El montaje es quizá lo más artístico, porque unes todos los fragmentos y vas armando la película. ¿Cine o televisión? D. S.: Sólo he hecho televisión de ficción, que es como la hija del cine y emplea su mismo lenguaje. Desde luego, me fascina el cine. No reniego de la televisión, porque habla a millones de personas sin pedir permiso. De modo que es responsabilidad de todos mejorarla, sobre todo viendo el panorama desolador que ofrece en casi todo el mundo. Además, en países como Argentina no hay dinero para ir mucho al cine. Así que debemos mejorar la televisión.
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