Roberto Benigni: “Si hay un Dios, es el mismo para todos”

                                                                                          Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN

Nacido en el pueblo toscano de Misericordia en 1952, Roberto Benigni es como su personaje en El tigre y la nieve: exuberante y apasionado, gritón y gesticulante, divertidísimo, hasta el punto de que cuesta mucho no reírse con él y mantener una cierta seriedad durante la entrevista. Pudimos hablar con él durante su reciente paso por Madrid.

 


 

 

En la película, su personaje reza un Padrenuestro a Alá. ¿Significa eso que han mejorado sus relaciones con Dios?

ROBERTO BENIGNI: ¡Mis relaciones con Dios han sido siempre buenísimas! Siempre le he llamado Guido, como si fuera un amigo. La oración de mi personaje no es una demostración de nada. En ese momento, Attilio es una persona desesperada, que está sola, que comprende el valor de la vida humana y que sabe que, si hay un Dios, es el mismo para todos. Siente lo mismo que todos nosotros, que también somos un poco Dios. Así que, en su desesperación, también podría dirigir su oración a Jerónimo o a mí mismo.

 




¿Piensa, como su personaje, que, por defender a la familia, uno debe estar dispuesto a hacer lo que haga falta?

R. B.: La familia es maravillosa, pero no es el tema central de la película, sino más bien la sorpresa final. Atilio es sobre todo un hombre enamorado, al que no se puede sujetar. Y, como está enamorado, su vida tiene sentido. Todo existe porque Vittoria existe. El amor es una emoción enorme, que no puede contener ninguna dictadura ni ideología. De hecho, los políticos temen a las personas apasionadas.

O sea, que nada de cinismo.

R. B.: Para nada. El cinismo es una tontería. Los grandes pensadores no son los que afirman que el mundo es feo. Los verdaderos revolucionarios —desde Jesucristo hasta Isaías, Dante, Cervantes...— no están enfadados porque el mundo sea feo, sino porque los hombres no ven la belleza del mundo. Así que el mundo se divide en dos: los cínicos y los que dicen que el mundo es terrible porque los hombres no ven su belleza. Estos últimos son los grandes pensadores.

¿Cómo le ha influido nacer en un pueblo llamado Misericordia?

R. B.: ¡Misericordia! ¡Piedad! Era un pueblo muy pobre, que seguro me ha influido muchísimo.

¿Para ser ciudadano del mundo?

R. B.: Eso es. He nacido en un lugar que forma parte de la raza humana, y estoy agradecido a todas las civilizaciones que nos han legado algo. Los griegos, los árabes, los indios, los españoles, los franceses... Tenemos que estar agradecidos a todos, y me parece natural dar las gracias a todos.

¿Qué le dicen los nombres de Fellini y Buñuel?

R. B.: Son como los príncipes de este camino artístico, en el que yo humildemente me he metido. Buñuel es el más grande de todos, el único capaz de rodar una película con la misma técnica del sueño. Como dicen los españoles, la vida es sueño y el arte es sueño. Y Buñuel es el único que ha aplicado esa idea hasta sus últimas consecuencias. No conozco su misterio, pero rodaba como nosotros soñamos.

¿Va a hacer finalmente la versión de Don Camilo con Gérard Depardieu?

R. B.: Aún no sé, aunque no lo creo. Es una historia que me gusta mucho, pero no me apetece interpretar.