Entre vivir y soñar
                                                                                          Por JOSÉ LUIS PANERO



SINOPSIS: Ana es una mujer barcelonesa de cuarenta y muchos que vive con su marido Félix y su hija de 17 años, Marta. Además de impartir clases de cocina y recibir cursos de francés, Ana recuerda a su primer amor, un joven galo al que conoció en el verano de 1968 y que se parecía a Alain Delon.

       Película dinámica que intenta ahondar en los sentimientos, como en las historias remotas de la adolescencia, para describir el supuesto despertar a la vida cuando ésta parece carecer del sentido deseado. La cinta hurga en el amor en todas sus etapas, en la amistad —encarnada en la in-

separable Verónica a quien Ana conoció de joven—, en la comida, en la familia y en el matrimonio.

       La opción de sus jóvenes directores, Alfonso Albacete y David Menkes (Más que amor, frenesí) es resaltar las segundas oportunidades e insistir —sin más consideración moral— en que hay que poner todos los medios posibles para concederle una tregua a la vida. Así, Ana revive su adolescencia para reencontrar la felicidad, pues su vida conyugal se ha trocado monótona, y en su pretensión de independencia, busca el amor, aunque sea confundido con su memoria, sin darse cuenta de que lo único que desea es sentirse querida.

       Entre vivir y soñar es un cuento de hadas del siglo XXI, cuya historia es notablemente elemental. A los diálogos, las situaciones y los personajes les falta intensidad y, ciertamente sobran varios detalles soeces, acompañados de alguna escena sexual, que subraya la amoralidad de la historia. Pero también hay detalles positivos, sobre todo en la relación que se establece entre la madre y la hija, en su insistencia en que no hay que perder nunca la esperanza y en su afán por mostrar cómo, a veces, estar a caballo entre la vida y los sueños puede aliviar un poco nuestros quebraderos de cabeza.

 

José Luis Panero

 

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