El gran Torino * * * * |
Por Mª JOSÉ SÁNCHEZ LERCHUNDI |
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Título Original: Gran Torino. Año: 2008. EE.UU. /Australia. 116 min. Director: Clint Eastwood. Guión: Nick Schenk, argumento de Dave Johannson y Nick Schenk. Intérpretes: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley... Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens. Fecha de estreno en España: 6 marzo 2009. Walt Kowalski, trabajador del automóvil jubilado, ocupa su tiempo en reparaciones domésticas, cerveza y visitas al peluquero; y aunque el último deseo de su difunta esposa fue que se confesara, para Walt, un resentido veterano de la Guerra de Corea que mantiene su rifle M-1 limpio y listo, no hay nada que confesar. Sus vecinos son ahora inmigrantes del sudeste asiático, a los que él desprecia, igual que desprecia a los extraños en que se han convertido sus propios hijos. Walt sólo espera que llegue su última hora. Hasta la noche en que alguien intenta robar su Gran Torino del 72. Como una especie de testamento moral, el personaje de Eastwood, hosco, herido y con sentimiento de culpa, se enfrenta al mundo que le rodea: la muerte que le ronda a él, la vida (la de Thao y los vecinos) que le asalta y hasta le abruma; la falta de miramientos de los hijos; el arrojo de una jovencita (las mujeres, siempre tan bien consideradas) la crueldad en pandilla, o el voluntarismo inútil de alguien escasamente dotado para luchar (el cura). Son muchas cosas a la vez, las que plantea; temas mayores, cuestiones de calado y difícil solución que Eastwood, de una u otra forma, ha venido abordando ya en sus películas. Pero es justamente la forma la que seduce en esta historia. Porque esa amalgama de situaciones y problemas, esos chispazos de realidad pura, el maestro -que se las sabe todas- los maneja ahora como si de un western se tratara; un curioso western al que le da radicalmente la vuelta. Retoma sus propios orígenes, aunque el solitario justiciero que fue ya no llega al pueblo sino que son los forasteros los que le invaden la escena. Y cuando toca el momento de la bronca deja bien claro cómo se arreglan las cosas. No precisamente con el rifle a punto, ni con el gatillo cerca. El Oeste, amigo, ya no es lo que fue. Nunca lo será. Y de poco sirven aquellas soluciones legendarias. Esa es ahora su oferta. Por lo demás, vemos a un actor en estado absoluto de gracia, disfrutamos de una conmovedora historia (algo larga, es verdad) pero escrita a su exacta medida; “una de vaqueros”, en fin, nada clásica, algo extraña y hasta exótica, pero salpicada de humor y de inteligencia. Por cierto, el Gran Torino dichoso es una metáfora sencillamente perfecta.
Mª José Sánchez Lerchundi
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