Crítica: Hermanos
                                                                                          Por CRISTINA G. MONTERO


Michael (Ulrich Thomsen) es un ejemplo de conducta para todos los que le rodean. Con una carrera militar intachable, ejemplifica los logros conseguidos como buen hijo, mejor hermano y padre y esposo amantísimo. Adora a sus dos hijas pequeñas y siente un profundo amor por su mujer Sarah (Connie Nielsen). Su hermano menor Jannik (Nikolaj Lie Kaas) es el caso contrario: un irresponsable que vive al borde de la ley. Pero esta película nos muestra que los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos. Cuando Michael es enviado a Afganistán en una misión de las Naciones Unidas, su helicóptero sufre un accidente y lo dan por muerto. Mientras en Dinamarca su familia intenta superar su ausencia, Michael es en realidad hecho prisionero por un grupo de talibanes. Allí vivirá una experiencia terrible; se le plantea un dilema existencial difícilmente soportable. A su vuelta todo ha cambiado, y su conciencia le volverá loco.

       
       "Que te quiero es la única verdad que reconozco. No hay nada bueno o malo, verdadero o falso. Lo único que sé es que te querré siempre". Con estas palabras de Ulrich Tomsen, Concha de Plata en San Sebastián junto a Connie Nielsen, comienza y termina esta valiente película que no dejará indiferente a nadie. Acostumbrados como estamos a preguntarnos por la moralidad de nuestros actos cotidianos, nunca sabremos cómo actuaremos cuando se nos sacan los pies del tiesto; sería el momento entonces de llegar a la conclusión de que no hay nada bueno o malo, verdadero o falso... porque hay ciertas situaciones límite en la vida que ni Dios nos puede hacer comprender. La realizadora Susanne Bier se atreve a manejar con la misma soltura las emociones y sentimientos para los que de alguna manera hemos sido preparados, como esas situaciones límite en las que no hay juicio posible. Michael vive en Afganistán una experiencia abrumadora, un planteamiento insoportable para él y casi para el espectador, testigo impotente de su capacidad de supervivencia.

       La otra cara de la moneda está en casa, con Sarah y las niñas, y Jannik, el hermano rebelde. Después de lo vivido por Michael parecería trivial plantear cuestiones como aprender a vivir sin tu marido, ser generosa y seguir haciendo feliz a tus hijas, cuidarlas y quererlas con la mejor sonrisa, e intentar evitar los sentimientos que te acercan a tu cuñado, un joven atractivo que se deja la piel porque superes el mal trago. Pero en Hermanos Susanne Bier nos muestra con tal delicadeza estos momentos vividos, sobre todo por Sarah, que no podemos quitarles un ápice de dignidad. Lo comprensivo que resulta el personaje interpretado magníficamente por Connie Nielsen, sobre todo hacia a sus hijas, o cuando regresa su marido, me conmovieron casi tanto como me convulsionaron los hechos ocurridos en Afganistán.

Cristina G. Montero