"Que te quiero es la única
verdad que reconozco. No hay nada bueno o malo, verdadero o falso. Lo
único que sé es que te querré siempre". Con
estas palabras de Ulrich Tomsen, Concha de Plata en San
Sebastián junto a Connie Nielsen, comienza y termina
esta valiente película que no dejará indiferente a nadie.
Acostumbrados como estamos a preguntarnos por la moralidad de nuestros
actos cotidianos, nunca sabremos cómo actuaremos cuando se nos
sacan los pies del tiesto; sería el momento entonces de llegar
a la conclusión de que no hay nada bueno o malo, verdadero o falso...
porque hay ciertas situaciones límite en la vida que ni Dios nos
puede hacer comprender. La realizadora Susanne Bier se
atreve a manejar con la misma soltura las emociones y sentimientos para
los que de alguna manera hemos sido preparados, como esas situaciones
límite en las que no hay juicio posible. Michael vive en Afganistán
una experiencia abrumadora, un planteamiento insoportable para él
y casi para el espectador, testigo impotente de su capacidad de supervivencia.
La otra cara de la moneda está
en casa, con Sarah y las niñas, y Jannik, el hermano rebelde. Después
de lo vivido por Michael parecería trivial plantear cuestiones
como aprender a vivir sin tu marido, ser generosa y seguir haciendo feliz
a tus hijas, cuidarlas y quererlas con la mejor sonrisa, e intentar evitar
los sentimientos que te acercan a tu cuñado, un joven atractivo
que se deja la piel porque superes el mal trago. Pero en Hermanos
Susanne Bier nos muestra con tal delicadeza estos momentos vividos, sobre
todo por Sarah, que no podemos quitarles un ápice de dignidad.
Lo comprensivo que resulta el personaje interpretado magníficamente
por Connie Nielsen, sobre todo hacia a sus hijas, o cuando regresa su
marido, me conmovieron casi tanto como me convulsionaron los hechos ocurridos
en Afganistán.
Cristina G. Montero
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