| La ola * * * |
Por
JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN |
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Director: Dennis Gansel. Intérpretes: Jürgen Vogel (Rainer Wenger), Frederick Lau (Tim), Max Riemelt (Marco), Jennifer Ulrich (Karo), Christiane Paul (Anke Wenger), Elyas M'Barek (Sinan), Cristina Do Rego (Lisa), Jacob Matschenz (Dennis), Maximilian Mauff (Kevin), Ferdinand Schmidt-Modrow (Ferdi). Guión: Dennis Gansel y Peter Thorwart; basado en el relato corto de William Ron Jones y en la obra de Johnny Dawkins y Ron Birnbach. Producción: Christian Becker, Nina Maag y David Groenewold para Constantin Film, Christian Becker Production, Rat Pack Filmproduktion, Medienfonds GFP I KG & B.A. Produktion. Música: Heiko Maile. Fotografía: Torsten Breuer. Montaje: Ueli Christen. Diseño de producción: Knut Loewe. Vestuario: Ivana Milos. Drama. Alemania. 2008. Aurum. 28-11-08. 101 min. Jóvenes. V S D. El cine alemán de los últimos años ha ofrecido sugerentes reflexiones fílmicas sobre las paganas y deshumanizadas raíces comunes de los dos totalitarismos más crueles del siglo XX y quizá de la historia: el socialismo nacionalista (nazismo) y el socialismo internacionalista (comunismo), como los denomina el veterano cineasta polaco Krzysztof Zanussi. El nazismo ha sido diseccionado a fondo en películas como El hundimiento, El noveno día o Sophie Scholl. Mientras que al comunismo le han dedicado su atención filmes como Good Bye, Lenin, Hasta donde los pies me lleven o La vida de los otros. Ahora, hay que añadir a esa suculenta lista La Ola, inquietante reflexión sobre el origen de las dictaduras, basada libremente en un hecho real, protagonizado en 1967 por el profesor Ron Jones en la Cubberley High School de Palo Alto, California, y recreado a su vez en la novela The Wave, escrita por Todd Strasser bajo el pseudónimo de Morton Rhue. La ha dirigido Dennis Gansel, que ya afrontó la educación de las juventudes nazis en Napola. La película ha sido un éxito en Alemania, donde ha generado un intenso debate social y cultural. ¿Puede surgir en la Alemania actual una dictadura como el nazismo o el comunismo? Esta es la peliaguda pregunta que plantea a sus adolescentes alumnos Rainer Wenger, un profesor carismático y algo ácrata, que inicia de esa manera una semana especial de investigación sociológica en torno a la autarquía. La respuesta unánime de los muchachos es que ya no se pueden repetir esos errores. Pero, en su demostración práctica de cómo se generan las dictaduras, el profesor y sus alumnos comprueban día a día que la aparente solidez cívica y democrática de la clase tiene los pies de barro. Y es que, ante la incitación del profesor para que creen un movimiento social alternativo, que de respuesta a los grandes desafíos del mundo contemporáneo, los chavales reaccionan con entusiasmo, mejoran en autoestima e iniciativa, superan sus diferencias raciales y sociales, se implican en el diseño de lemas y logos, y hasta adoptan un uniforme común, compuesto por pantalón vaquero azul y camisa blanca. Las reacciones indignadas de algunas alumnas contra el experimento —cuestionado también por otros profesores y por grupos anarquistas— llevan la situación mucho más allá de lo que nadie había imaginado, en la que dominan la violencia, la prepotencia y el exclusivismo. Ciertamente, el guión y la puesta en escena de Dennis Gansel no son redondos, y fuerzan algunas situaciones para hacerlas más verosímiles. Además, a veces se echa en falta un esfuerzo mayor de sutileza y elaboración en la exposición de sus ideas. De todas formas, el conjunto logra su objetivo de inquietar profundamente al espectador y hacerle pensar, gracias especialmente a unas interpretaciones muy convincentes y a unas reflexiones certeras sobre la falta de horizontes vitales de una buena parte de la juventud actual, y su consiguiente fragilidad moral, agravada a menudo por unas situaciones familiares lamentables, una escandalosa desigualdad social y una cultura dominante muy descorazonadora en su rastrero materialismo hedonista, delimitado por el sexo sin amor, las drogas y el alcohol. En este sentido, la película constata los peligros que genera la capacidad de fascinación de un líder carismático —aquí, un profesor—, que encauce la latente rebeldía juvenil hacia un uso injusto e inhumano de las virtudes básicas —la unidad, la amistad, la lealtad, el sacrificio, la confianza…—, cuyo atractivo sigue siendo universal y permanente. Una capacidad de fascinación, en fin, que puede transformar en una infame dictadura hasta la más probada de las democracias.
Jerónimo José Martín
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