Unidas
cree en el poder y la inviolabilidad de las palabras. Él, agente
del servicio secreto, analiza a la gente de acuerdo con su comportamiento
y poco le importa lo que digan. Basta con estar en el pasillo adecuado
en el momento indicado para que un susurro incline la balanza del poder.
Película interesante,
como no podía ser de otro modo, cuando quienes llevan el peso del
drama son los oscarizados Nicole Kidman y Sean Penn, dirigidos por el
gran Sydney Pollack (Memorias de África, Los tres días
del Cóndor, Tootsie, Ausencia de malicia o La tapadera),
también ganador de un Oscar.
El thriller, con las
calles de Nueva York también como escenario, contiene numerosas
referencias hitchcockianas, lo cual envuelve a la película de un
cierto halo de suspense infinito. Podríamos decir que La intérprete
está inspirada en la fastuosa Con la muerte en los talones,
en la frenética El hombre que sabía demasiado,
en la estrictamente política Topaz o en la vouyerista
La ventana indiscreta.
La cinta es convencional en
su tratamiento argumental, y huye de pretender algo más de lo que
muestra. La estructura del guión es clara y, en todo caso, podría
achacársele determinada reiteración en los temas o algún
remate previsible. Sin embargo, los diálogos fluyen con eficacia,
no son artificiosos, y el doblaje al español parece verosímil.
Además, las interpretaciones del dueto protagonista son espléndidas
-especialmente la de Sean Penn-, y ninguna de los secundarios queda aislada
del núcleo duro. Afortunadamente, Pollack ha sabido rodearse de
actores de reparto correctos. En general, el diseño de la personalidad
de los actores está sobradamente conseguido, sin dejar tregua a
la ambigüedad.
Gracias a La intérprete
nos hemos adentrado en el interior de ONU, cuestión que Hitchcock
negoció pero se le denegó para el rodaje de Con la muerte
en los talones, y hubo de conformarse con falsos exteriores.
Gran parte del mérito
del estilo sobrio y clásico del filme reside en su realizador (y
también actor secundario -es el jefe del personaje que interpreta
Sean Penn-), Sydney Pollack. El director dirige con pulso firme, sin dejarse
llevar por las emociones fáciles, pues podría haber intoxicado
la subtrama amorosa entre los protagonistas, que es, a todas luces, una
historia convincente. La partitura musical contiene suficientes golpes
sonoros para apoyar el desarrollo de las tramas, al estilo del mejor Bernard
Herrmann.
Además, la película
se engrandece al proponer un uso inteligente sobre la razón, el
diálogo y el peso de la justicia en contra de la intolerancia o
la violencia gratuita y accesoria.
José Luis Panero
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