Las
impresionantes actrices Maggie Smith y Judi Dench bordan sus personajes
-que parecen estar escritos a su medida-, especialmente la última,
que recupera su adolescencia al enamorase fatalmente del violinista polaco
(Daniel Brühl). Desde Good Bye Lenin! nos habíamos
acostumbrado a las interpretaciones del joven Brühl, ese rebelde
con causa, siempre airado, flaco y combativo, que ahora se desencasilla
y nos ofrece un más que convincente papel, en el que su capacidad
para desarrollarse de manera romántica es evidente.
La última primavera narra con humor y nostalgia la batalla
sorda que ambas hermanas sostienen por cuidar -de manera sana y sin pretensiones
sexuales- al muchacho. Los celos, las rivalidades, la paranoia política
de un mundo en tierra de nadie, y mucho amor auténtico son algunos
de los temas que se desprenden de la cinta.
La última primavera es la carta de amor que Dance escribe
a dos de las más formidables "damas" de la escena y el
cine británicos, Maggie Smith y Judi Dench, ambas reconocidas con
este título por la reina Isabel II. El espectador podrá
elegir con qué intérprete desea identificarse: las miserias
de la condición humana del hombre se encarnan en las hermanas.
La película también ofrece su particular moraleja sobre
la música, capaz de combatir los sentimientos no compartidos y
la intolerancia. El realizador también está al tanto del
gran potencial místico de Cornualles y de los elementos fantásticos
de cuento de hadas.
La última primavera es una película de personajes
que no requiere efectos especiales: está dotada de un estilo cinematográfico
contemplativo, y su director ha sabido plasmar la verdadera esencia de
Cornualles. A partir de sus protagonistas se vuelca todo el material emocional
contenido en la historia.
La puesta en escena, con esos amplios campos verdosos -que parecen salidos
de un cuento de nuestra infancia-, además de esa estética
pausada, sin brusquedades con la cámara, nos traslada a una época
histórica sin precedentes.
Sin embargo, sobra cierta reiteración sobre el combate que mantienen
las hermanas, y se echa de menos que no esté puesto tan de pegote
la aparición de la joven Natascha, momento en el cual la historia
gira y el duelo Dench-Smith disminuye.
Pero en el fondo, lo que hace poderosa a La última primavera
es su manera de enfocar los temas: la soledad, las relaciones fraternales,
el sentido que tiene la vida, aun cuando esta parece haber tomado un rumbo
único, la ayuda al prójimo y la libertad y el respeto por
el hombre para tomar decisiones. Hay escenas que son realmente memorables,
capaces de que el espectador pase de la risa al llanto, y participe de
manera directa con el sentir y el pensar sobre la ancianidad. Sabia lección
sobre el comportamiento de los sentimientos.
José Luis Panero
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