Mil Años de Oración (A Thousand Years of Good Prayers )****

                                                                                          Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN




Director: Wayne Wang. Intérpretes: Faye Yu (Yilan), Henry O (Sr. Shi), Pasha Lychnikoff (Boris), Vida Ghahremani (madam). Guión: Yiyun Li. Producción: Yukie Kito, Rich Cowan y Wayne Wang. Música: Lesley Barber. Fotografía: Patrick Lindenmaier. Montaje: Deirdre Slevin. Diseño de producción: Vincent De Felice. Drama. EE.UU. 2007. Karma Films. 83 min.

En la última década, películas como La caja china, Mi mejor amigo o Las últimas vacaciones habían conducido a una notable crisis creativa al cineasta chino-americano Wayne Wang, responsable de algunos de los mejores títulos comerciales e independientes de los años 90, como El club de la buena estrella (1995) o Smoke (1995). Ahora retorna al buen cine con Mil años de oración, que ganó en el Festival de San Sebastián 2007 la Concha de Oro a la Mejor Película, la de Plata al Mejor Actor (Henry O) y los prestigiosos premios paralelos de Signis (Asociación Católica Mundial para la Comunicación) y CEC (Círculo de Escritores Cinematográficos). Un resultado apabullante que ha supuesto, además, la reconciliación entre Wayne Wang y el escritor Paul Auster —presidente del Jurado Oficial del festival donostiarra— tras siete años de desencuentro.

Dice un proverbio chino que “hacen falta mil años de oración antes de compartir el lecho con otra persona”. A partir de esta idea —concretada en un relato de Yiyun Li—, Wayne Wang describe la traumática visita del Sr. Shi —un científico viudo de Beijin— a su única hija, Yilan, que vive en Estados Unidos desde hace años. Ella se acaba de divorciar, y él quiere ayudarla; pero la chica no quiere aclararle las causas de la ruptura, entre otras cosas porque guarda en su interior diversos reproches contra su propio padre. Éste, mientras, habla a diario en su escuetísimo inglés con una anciana iraní, que ha huido del régimen islamista.

Algunos reprocharán a Wayne Wang su minimalismo visual y narrativo, y la parsimonia oriental con que va desplegando las relaciones entre los personajes. Pero, en realidad, crea un agradable clima de intimidad y confidencia, en el que el espectador acompaña con gusto en sus dramas al Sr. Shi —interpretado magistralmente por Henry O—, y ríe con ganas ante sus divertidas salidas, provocadas por su bondad natural y su macarrónico inglés. Además, Wang aprovecha para lanzar una sutil mirada crítica al American way of life, al comunismo maoísta y al fundamentalismo islámico.

Jerónimo José Martín

 

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