Dicha
oportunidad se la acaba dando un entrenador inicialmente reticente a transmitirle
sus conocimientos.
Basándose en Rope
Burns: Stories from the corner, una serie de historias que vieron
la luz en el año 2000 gracias a su creador, el ex entrenador, fallecido
hace dos años, Jerry Boyd, que las publicó
bajo el pseudónimo de F. X. Toole, el guionista
Paul Haggis disecciona los pormenores del deporte que
Boyd tan bien conoció, siempre, claro está, hasta donde
la película lo necesita, y Clint Eastwood transforma
en imágenes lo escrito consiguiendo no sólo uno de los mejores
títulos de su carrera como director y como actor, ya que además
la protagoniza, sino también uno de los más duros.
Así es, se trata de una
cinta muy dramática, tal vez demasiado para quienes no vayan esperando
más que un simple viaje al mundo de los puñetazos con enormes
guantes y de los protectores de dentaduras. Porque es una película
sin concesiones que, aunque supera por poco las dos horas de
duración, va al grano en todo momento, sin tiempo para el descanso.
Cada frase es primordial y está dicha en su momento justo. Cada
coma importa, al igual que las miradas y los mínimos detalles.
Nada falla en este prodigio logrado por Eastwood, sólido director
capaz de emocionarnos únicamente con la exhibición de puro
cine que son sus perfectos emplazamientos de cámara. Claro, que
su grandeza no se conforma con ofrecernos un único regalo portentoso,
también utiliza maravillosamente la banda sonora, subrayando sólo
los momentos que lo necesitan y desde luego hace gala, una vez más,
de su talento a la hora de dirigir actores, ya que desde los protagonistas
hasta el último de los intérpretes resultan memorables,
aunque no puedo dejar de destacar a dos de los nombres más brillantes
del reparto: el de Hilary Swank, en un papel difícilmente
olvidable, y el de Morgan Freeman, que demuestra su clase
y su talento ofreciendo sabiduría a los personajes en sus conversaciones
y a los espectadores con una de las mejores voces en off escuchadas en
años en una pantalla.
Million Dollar Baby te deja con
la boca abierta. Bueno, no, en realidad lo más probable es que
te quedes con la boca cerrada, posiblemente con lágrimas en los
ojos y casi seguro que con el alma a flor de piel. A veces el cine produce
estas reacciones y consigue que reflexiones, o que sencillamente para
ti la película no haya terminado cuando las luces de la sala se
enciendan, porque tú aún puedes verla, porque en ti continúa
y te sigue emocionando. A veces vale la pena que el cine sea más
que un entretenimiento, lo necesitamos para crecer como espectadores.
Podemos y debemos ser capaces de pedirle que nos cuente historias que
hablen de la gente, de nosotros, aunque lleguen a dolernos incluso físicamente,
milagro éste que no se siente todos los días desde la butaca
de una multisala y que Eastwood logra con una facilidad estremecedora.
Es por eso que su último trabajo te deja con la boca abierta, porque
es muy reconfortante que alguien nos recuerde de lo que es capaz el arte.
Silvia García Jerez
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