Ocean´s 13: ladrones guapos, ricos y famosos

                                                                                          Por JOSÉ MANUEL ESCRIBANO


 

Director: Steven Soderbergh. Productor: Jerry Wintraub. Guión: Brian Koppelman, David Levien. Intérpretes: George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Al Pacino.

Bueno, pues todos estos barros vienen de aquellos lodos que se llamaron La cuadrilla de los 11/Lewis Milestone (1960), el original Ocean’s eleven con Frank Sinatra, Dean Martin, Peter Lawford, Sammy David Jr. y Angie Dickinson, una comedia de autobombo que no inventaba el cine, precisamente. Cuarenta años después a Steven Soderbergh y su amigo Clooney se les ocurrió resucitar el acontecimiento, con la misma idea primitiva: pasarlo bien y ganar unos dólares.

 

Soderbergh es el autor de Sexo, mentiras y vídeos, Kafka, El rey de la colina, Erin Brockovich, Solaris y Traffic; es decir, que cine sí que sabe hacer. Ganar dinero, también.

Visto el éxito obtenido, la fórmula se ha repetido, con idénticos moldes: el mismo reparto masculino -el Ocean’s 11 de 2001 contaba ya con estos pavos, más Julia Roberts y la Dickinson, y en Ocean’s 12 (2004) estaba Catherine Zeta-Jones acompañando a Julia; en ésta de ahora sólo aparece, en un inmenso “ocean” machista, la pobre Ellen Barkin, que quién la ha visto y quién la ve...- y con un argumento similar: un gran robo en Ocean’s 11, un robo grandísimo y complicado en el 12 , y un supercomplicado y megagigantesco robo en el 13.

Repiten también, entre otros, Andy García –que está bien-, Elliott Gould –que está mayor- y Don Cheadle –que está como siempre-, y aquí aparece un señor que se parece a Al Pacino, pero que no debe ser, porque está fatal. Es el dueño del casino y de los millones, y se ha portado mal con Elliott Gould, así es que Danny Ocean y sus amigotes deciden darle un escarmiento y arruinarle la fiesta, el casino y, si puede ser, la vida. Cuando empieza la peli nos damos cuenta de que sí que va a poder ser; seguramente es que somos muy listos, pero eso estropea un poco el suspense.

 

 

 

No sé cómo explicar, sin que se me note mucho, que esta película ya la habíamos visto. En el 60, en el 2001 y el 2004... Si acaso, podría decirse que la cosa es ciertamente progresiva: cada vez el asunto es más complicado, el argumento da más vueltas sobre sí mismo, el “golpe” necesita de más y más preparativos –porque el millonario de turno ya se lo sabe y no se quiere dejar arruinar, qué malo-, el guión quiere ser más y más chistoso... y Matt Damon hace el tonto también cada vez más.

 




Los otros están muy en su papel. George Clooney y Brad Pitt parecen que salen juntos de botellón todos los findes, y aquí continúan su complicidad, que cuando es de verdad suele llamarse “química” y en este caso tiene más que ver con la cartera. Que como ya es bastante abultada, en la vida real y en la película, que digo yo que para qué quieren meterse en semejantes líos, que hasta tienen que comprar un helicóptero y todo, que se lleve medio casino por los aires... ¿Qué no te lo crees? Que te lo juro que eso pasa, oye...

Más datos: Andy García no sabe si matar a estos sinvergüenzas o enamorarse de ellos, aunque yo creo que va a ser lo segundo, que es más barato y las consecuencias se pasan antes. Y Matt Damon, ya te digo, tiene que seducir a Ellen Barkin por narices, aunque ella es amiga del señor que se parece a Al Pacino y no está por distraerse con tonterías de alcoba... o de sala de juegos, que viene a ser una metáfora inteligente que se me ha ocurrido ahora mismo.

Pues eso: que, como es de suponer, todo está muy bien organizado –en la película, digo-: mucho lujo, muchísimos detalles de producción cara –maquetillas y decorados de Las Vegas, por supuesto-, la dosis justa de efectos especiales que recomienda el sindicato, un argumento que progresa a buen ritmo, aunque con más truco que los dados de los protagonistas -muestra y esconde a capricho de los guionistas, sin el menor rigor narrativo- y con unos intérpretes, precisamente, que ocultan con oficio la poca densidad de sus papeles y se entregan al tajo generosamente. O sea, que muy guapos ellos, y muy rico y muy abundante todo. Pero ya hemos tenido bastante; por favor, que no se repita.

José Manuel Escribano

 

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