| Ocean´s 13: ladrones guapos, ricos y famosos |
Por
JOSÉ MANUEL ESCRIBANO |
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Soderbergh es el autor de Sexo, mentiras y vídeos, Kafka, El rey de la colina, Erin Brockovich, Solaris y Traffic; es decir, que cine sí que sabe hacer. Ganar dinero, también. Visto el éxito obtenido, la fórmula se ha repetido, con idénticos moldes: el mismo reparto masculino -el Ocean’s 11 de 2001 contaba ya con estos pavos, más Julia Roberts y la Dickinson, y en Ocean’s 12 (2004) estaba Catherine Zeta-Jones acompañando a Julia; en ésta de ahora sólo aparece, en un inmenso “ocean” machista, la pobre Ellen Barkin, que quién la ha visto y quién la ve...- y con un argumento similar: un gran robo en Ocean’s 11, un robo grandísimo y complicado en el 12 , y un supercomplicado y megagigantesco robo en el 13. Repiten también, entre otros, Andy García –que está bien-, Elliott Gould –que está mayor- y Don Cheadle –que está como siempre-, y aquí aparece un señor que se parece a Al Pacino, pero que no debe ser, porque está fatal. Es el dueño del casino y de los millones, y se ha portado mal con Elliott Gould, así es que Danny Ocean y sus amigotes deciden darle un escarmiento y arruinarle la fiesta, el casino y, si puede ser, la vida. Cuando empieza la peli nos damos cuenta de que sí que va a poder ser; seguramente es que somos muy listos, pero eso estropea un poco el suspense.
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Los otros están muy en su papel. George Clooney y Brad Pitt parecen que salen juntos de botellón todos los findes, y aquí continúan su complicidad, que cuando es de verdad suele llamarse “química” y en este caso tiene más que ver con la cartera. Que como ya es bastante abultada, en la vida real y en la película, que digo yo que para qué quieren meterse en semejantes líos, que hasta tienen que comprar un helicóptero y todo, que se lleve medio casino por los aires... ¿Qué no te lo crees? Que te lo juro que eso pasa, oye... Más datos: Andy García no sabe si matar a estos sinvergüenzas o enamorarse de ellos, aunque yo creo que va a ser lo segundo, que es más barato y las consecuencias se pasan antes. Y Matt Damon, ya te digo, tiene que seducir a Ellen Barkin por narices, aunque ella es amiga del señor que se parece a Al Pacino y no está por distraerse con tonterías de alcoba... o de sala de juegos, que viene a ser una metáfora inteligente que se me ha ocurrido ahora mismo. Pues eso: que, como es de suponer, todo está muy bien organizado –en la película, digo-: mucho lujo, muchísimos detalles de producción cara –maquetillas y decorados de Las Vegas, por supuesto-, la dosis justa de efectos especiales que recomienda el sindicato, un argumento que progresa a buen ritmo, aunque con más truco que los dados de los protagonistas -muestra y esconde a capricho de los guionistas, sin el menor rigor narrativo- y con unos intérpretes, precisamente, que ocultan con oficio la poca densidad de sus papeles y se entregan al tajo generosamente. O sea, que muy guapos ellos, y muy rico y muy abundante todo. Pero ya hemos tenido bastante; por favor, que no se repita. José Manuel Escribano
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