No es país para viejos * * * * |
Por Mª JOSÉ LERCHUNDI |
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Título Original: No country for old men. EE. UU. 2007, 122 min. Director: Joel y Ethan Coen. Guión: Joel Coen y Ethan Coen, basado en la novela homónima de Cormac McCarthy. Intérpretes: Josh Brolin, Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Woody Harrelson, Kelly Macdonald. En la década de los 80, cuando los cuatreros se han hecho traficantes de droga y la violencia campa a sus anchas en las zonas rurales de EE.UU., Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra casualmente una camioneta con varios hombres muertos, un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Coge el dinero y automáticamente se convierte en el objetivo a batir por las bandas de traficantes, una ralea que la ley, representada por el sheriff Bell (Tommy Lee Jones) no consigue detener. Moss huye de sus perseguidores y especialmente del ejecutor (Javier Bardem) un sádico de mirada ausente... La América cutre, la de las caravanas y moteles de mala muerte, pero también los mejores personajes. Los más agradecidos y los más resultones. Y los Coen no han tenido más que seguir la estela trazada por Cormac McCarthy y retomar, de paso, un camino explorado ya por ellos mismos, ese que retrata a la gente vulgar y corriente, una muchedumbre anónima y no tan dócil que, pasada por los ácidos ojos de los Coen, tiene ya poco de vulgar menos aún de corriente. Son, una vez más, individuos instalados en el puro disloque, en el desfase de los tiempos, que dice al principio de la película el sheriff... el disparate es, pues, parte consustancial de sus vidas. Y consustancial también en el cine de los Coen: sin esos viejos divinos que van desfilando, esos pobres "marcianos" ya fuera de onda, tal vez la cosa en esta ocasión tendría poco que ofrecer. Pero los viejos son aquí oro puro, todo inspiración: irrepetible, por ejemplo, el pulso entre Bardem y el viejo de la gasolinera; maravillosa, la anciana que regenta el motel, tan preocupada por el precio de las habitaciones. Apabullante, la oronda tras el mostrador de las caravanas. Y enternecedor, el vejete del auto-stop que, a pesar de todos los peligros, para su coche. No es ese, definitivamente, país para viejos, la violencia les ha dejado en el arcén. Y a los Coen la violencia, la delincuencia ambiente, no les sirve para moralizar; más bien para mostrar una realidad insalvable. Con Fargo en la mente de todos (repite la caza humana, la soledad del paisaje, la torpeza de algunos personajes, y hasta la pareja policial de diálogo imposible...), con todos esos elementos bien atados y una puesta en escena impecable, arranca la película con la voz en off del desazonado sheriff Bell que resume el signo de los tiempos "los crímenes de ahora cuesta entenderlos". Pero los Coen se aplican a ello y pintan el correspondiente fresco sin demasiadas contemplaciones y como manda el relato en sí: a palo seco, esa voz (la del sheriff) y el escenario del crimen; nada de música, sólo el sonido del viento y el panorama áspero y un poco tópico de una escabechina al sol, drogas... y un botín "caído del cielo"; luego será todo lo demás: la huída consiguiente y el sicario de turno pisando los talones. Hay algo estimulante en este sanguinolento western de los Coen; y es que reúne muchas historias a la vez; todas ellas capaces, de desarrollar por su cuenta otros relatos llenos también de matices: El machista medio héroe que afronta solito el peligro y manda fuera de cuadro a su mujer, él decide y él hace; la insana seguridad del psicópata, determinado a ejecutar lo que se ha propuesto de forma irreversible; la gentileza casi superflua de los ancianos; la generosidad de la mujer del sheriff; la honestidad misma del sheriff, un resto de dinastía de hombres de bien... No hay más en este cuento fronterizo, coral y hasta previsible. Pero el truco, claro, está en cómo se dosifica, cómo discurre ante nuestros ojos y cómo responden todos y cada uno de los actores, desde Javier Bardem a Josh Brolin o Tommy Lee Jones. Obligado es decir también que a los Coen se les descuelga a ratos la historia y, junto a momentos muy brillantes, hay otros en los que el ritmo decae muy levemente. Mª José Lerchundi
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