El guión de esta película relata el atraco a un banco de Wall Street con toma de rehenes, que obliga a la intervención de un negociador de la policía. Este negociador es el Detective Frazier, un afroamericano en horas bajas por culpa de un expediente que le han abierto por supuesta corrupción. Enfrente tendrá al líder de los asaltantes, Dalton, un tipo frío y cerebral, que ha planeado el atraco perfecto y oculta sus verdaderas intenciones como los buenos jugadores de póker. Con esas intenciones tiene que ver la intervención de Madeline, una influyente y durísima abogada, experta en limpiar trapos sucios, que representa al presidente del banco asaltado.
El afroamericano Spike Lee (Haz lo que debas, Malcolm X) toma como modelos películas setenteras del estilo de Serpico o Tarde de perros. Y, por tanto, prima la intriga dramática sobre la simple acción, aunque también resuelve ésta con suficiente espectacularidad. En todo caso, el cineasta de Georgia muestra su talento sobre todo en una angustiosa planificación y en una inteligente dirección de actores —especialmente respecto al trío Denzel Washington-Clive Owen-Jodie Foster—, que llevan al espectador de sorpresa en sorpresa.
Menos sutil se muestra Lee en sus numerosos insertos de crítica sociológica y política, en sí interesantes, pero no existentes en el guión original, metidos a veces con calzador y culpables de que el metraje se alargue en exceso. De todas formas, es un defecto menos grave en una película entretenida, bien realizada e interpretada, y que no carga la mano en el recurso a la violencia ni en las posibles connotaciones morbosas del argumento.
Jerónimo José Martín
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