Sangre de mayo * * *

                                                                                          Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN

Director: José Luis Garci. Intérpretes: Quim Gutiérrez (Gabriel), Paula Echevarría (Inés), Manuel Galiana (don Celestino), Lucía Jiménez (Plata), Enrique Villén (Paco), Miguel Rellán (Mauro Requejo), Tina Sáinz (doña Restituta), Natalia Millán (Anastasia), Manuel Tejada (Godoy), Fernando Guillén Cuervo (regente de imprenta), Carlos Larrañaga (Isidoro Máiquez), Ramón Langa (Juan de Mañara). Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel; inspirado en textos de Benito Pérez Galdós. Producción ejecutiva: Juan Carmona y Salvador Gómez Cuenca. Música: Pablo Cervantes. Fotografía: Félix Monti. Montaje: José Luis Garci. Dirección artística: Gil Parrondo. Vestuario: Lourdes de Orduña. Historia. Alta Films.

Madrid, 1808. Gabriel trabaja de chico para todo primero para una popular actriz, después para una marquesa intrigante y finalmente en una céntrica imprenta de Madrid. Está muy enamorado de su novia, Inés, una guapa muchacha huérfana que se ha ido a Aranjuez con su tío Don Celestino, humilde sacerdote, pariente lejano del todopoderoso Godoy. Durante una escapada al Real Sitio, Gabriel e Inés son testigos del histórico motín del 19 de marzo contra Godoy, cuyo palacio es asaltado por las masas enfurecidas. Pensando en el futuro de la chica, Don Celestino accede a que Inés retorne a Madrid, para vivir allí con unos ricos parientes, Don Mauro y su hermana Restituta, que regentan una tienda de paños en la Puerta del Sol. Muy pronto, Gabriel descubre que estos avaros comerciantes tienen esclavizada a Inés. Así que, para salvarla, el muchacho se ofrece como mozo por una miseria. Pero la cosa le costará trabajo, pues tanto Don Mauro como el mancebo de la tienda, Juan de Dios, también quieren casarse con Inés. Tras el tumultuoso recibimiento que el pueblo de Madrid rinde al nuevo rey Fernando VII, El Deseado, todos estos personajes y algunos más —como varios compadres de Gabriel, con los que coincide en una popular taberna— sufrirán en propia carne la extrema violencia con que las tropas napoleónicas apagan cualquier intentona contra su creciente presencia en España. Como las sangrientas revueltas que tuvieron lugar en la capital el 2 de mayo.

Como casi siempre, resulta deslumbrante la ambientación de Gil Parrondo, que recrea el Madrid de 1808 con el esmerado detallismo que le ha permitido el generoso presupuesto de la película, aportado sobre todo por Telemadrid. Similar brillantez lucen el excelente vestuario de Lourdes de Orduña, la densa fotografía del argentino Félix Monti y la sobria banda sonora de Pablo Cervantes, que versiona varios temas muy populares de compositores clásicos españoles.

Por su parte, José Luis Garci (Canción de cuna, Luz de domingo) declama con su propia voz la castiza introducción, visualiza con mimo el caleidoscópico guión —escrito por Horacio Valcárcel y él mismo al estilo de Tiovivo c. 1950— y ofrece una puesta en escena esmerada, en la que busca con ahínco la mejor perspectiva de cada situación. Además, la despliega con una melodiosa cadencia, sólo rota en el fragmentado desenlace, en el que la acción se impone finalmente sobre el retrato costumbrista y el folletín de amores.

Ciertamente, pesa un poco que la épica tarde tanto en aparecer, y que lo haga con escasa vibración visual y una cierta confusión expositiva. Y también se resiente el conjunto de la interpretación del protagonista, Quim Gutiérrez, mucho más dubitativa y fluctuante que las de los otros actores, algunos especialmente entonados, como Manuel Galiana, Lucía Jiménez, Enrique Villén o Miguel Rellán. Además, resulta irritante el bobo apunte erótico de la introducción, así como alguna tontada anticlerical, a costa de la mezquindad de Don Celestino y la hipócrita beatería de Don Mauro y Restituta. Pero esto último es en parte consecuencia de que Garci haya tenido como principal punto de referencia los Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdos y, en concreto, La corte de Carlos IV y El 19 de marzo y el 2 de mayo.

En cualquier caso, son defectos menores, que no ensombrecen demasiado la notable calidad de esta película ambiciosa, entrañable y entretenida, que brilla con luz propia en una temporada olvidable del cine español.

Jerónimo José Martín