Steamboy
                                                                                          Por JOSÉ LUIS PANERO



Ambientada en la Inglaterra victoriana, esta aventura de acción épica trata de un joven inventor llamado Ray. Un día recibe una misteriosa bola metálica de su abuelo científico, Lloyd. Desde ese momento, Ray se ve empujado a un mundo de aventuras e intrigas increíbles. La bola metálica es, de hecho, una "bola de vapor", el corazón de un misterioso y siniestro "castillo de vapor", y la clave secreta de una fuerza de poder incomparable. Pero hay varias organizaciones poderosas ansiosas por capturar la "bola de vapor" y Ray debe decidir cuál de esas organizaciones representa el bien y cuál el mal.

La consiguiente lucha por la bola atraviesa tierra, mar y aire e impulsa a que el protagonista viva la aventura más excitante de su vida. Con su propio padre y abuelo en desacuerdo sobre el progreso y el significado de la ciencia, Ray debe decidir por sí mismo el final de los acontecimientos.

Steamboy es la primera película en diez años de Katsuhiro Ôtomo, desde la liberación de Akira de corte y culto clásico. Deslumbra artísticamente y el mensaje que ofrece es una mirada hacia la ciencia como instrumento en beneficio de la humanidad, y cuya manipulación no sirve para alentar causas absurdas.

La cinta de Ôtomo tiene una carga enorme de ingenio y de creatividad visual, con sus imágenes en 3D -incorporadas en todo el negativo-, además del evidente uso del "zoom" para determinadas secuencias. Refrescante y excitable, la magia de Steamboy se desgasta tras el primer tercio de su comienzo, pues la reiteración constante sobre los temas: qué es correcto o no; qué está bien o mal agotan al espectador.

Es una lástima que el debate sobre el papel de la ciencia y Dios no se haya materializado, y el filme haya trocado sobre presuntos asuntos morales que se dispersan al mezclar -sin demasiado sentido- diálogos poco convincentes en las producciones del género.

José Luis Panero