La
consiguiente lucha por la bola atraviesa tierra, mar y aire e impulsa
a que el protagonista viva la aventura más excitante de su vida.
Con su propio padre y abuelo en desacuerdo sobre el progreso y el significado
de la ciencia, Ray debe decidir por sí mismo el final de los acontecimientos.
Steamboy es la primera película en diez años de
Katsuhiro Ôtomo, desde la liberación de Akira de
corte y culto clásico. Deslumbra artísticamente y el mensaje
que ofrece es una mirada hacia la ciencia como instrumento en beneficio
de la humanidad, y cuya manipulación no sirve para alentar causas
absurdas.
La cinta de Ôtomo tiene una carga enorme de ingenio y de creatividad
visual, con sus imágenes en 3D -incorporadas en todo el negativo-,
además del evidente uso del "zoom" para determinadas
secuencias. Refrescante y excitable, la magia de Steamboy se
desgasta tras el primer tercio de su comienzo, pues la reiteración
constante sobre los temas: qué es correcto o no; qué está
bien o mal agotan al espectador.
Es una lástima que el debate sobre el papel de la ciencia y Dios
no se haya materializado, y el filme haya trocado sobre presuntos asuntos
morales que se dispersan al mezclar -sin demasiado sentido- diálogos
poco convincentes en las producciones del género.
José Luis Panero
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