Panorámica: Cien años de indios y vaqueros   

En el otoño del 1903, el escocés Edwin S. Porter, lugarteniente de Thomas Alva Edison y fanático seguidor de Meliés, hizo historia. Después de rodar imágenes documentales sobre una ruta ferroviaria, decidió aprovechar las horas y horas pasadas delante de la moviola estudiando las películas del pionero francés y elaboró el que se considera primer western: Asalto y robo de un tren (The great train robbery).

Por INMA SICILIA



       Con sólo doce minutos de duración y protagonizada por Gilbert M. Anderson, que se convertiría poco después en la primera gran estrella del western tras interpretar la serie de Bronco Bill, la película incluye una imagen que perturbó a sus espectadores originales y se grabó en el imaginario colectivo: la del cowboy disparando en primer plano directamente al espectador. Por una vez la publicidad no mintió pues, anunciada como "la obra cumbre del arte cinematográfico", la película se convertiría en la primera importante con argumento de ficción y la precursora del género norteamericano por antonomasia.

       Un género que rápidamente triunfaría en la época, pues resultaba de lo más contemporáneo. No en vano la nación acababa de integrarse territorialmente y el Oeste continuaba siendo una tierra de promesas, de pioneros y caravanas, de disputas entre agricultores y ganaderos, de sheriffs y bandidos, y de esos locos del cine instalándose en la soleada California para huir de las leyes de protección de marcas registradas y patentes de la costa este.

      El western nació como acción pura y rápidamente se asentó en estereotipos: el bueno, el villano, el sheriff, la chica, el duelo... Películas como The covered wagon (1923) de James Cruze o El caballo de hierro (1924) de John Ford, ampliaron la temática y las perspectivas del género durante la transición hacia al sonoro y establecieron los márgenes de lo que posteriormente se convertiría en clasicismo.

      Fue precisamente John Ford, el maestro del género, quien se presentaba a si mismo como "director de western", quien dirigiría en 1939 otro de los títulos imprescindibles para la evolución del western: La diligencia (1939), en la que los personajes ganan complejidad y el escenario natural se convierte en uno de los protagonistas de la trama.

      El western floreció en las décadas de los 40 y 50. Son los años de los grandes directores. John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, William A. Wellman, Anthony Mann, Henry Hathaway…, en los que el western se convirtió en uno de los géneros esenciales, que llenaban las salas oscuras a diario. De aquellos años surgieron títulos que se han convertido en los clásicos indiscutibles del género como Duelo al sol (1946), Río rojo (1948), Pasión de los fuertes (1950), Solo ante el peligro (1952), Centauros del desierto (1956) o Río Bravo (1959).

      La generalización de la televisión en los 60 contribuyó a que en el western, al igual que prácticamente todos los géneros, se diera un proceso de "intimización" de los temas en espacios más cerrados, con tramas más cercanas, con vistas a la futura proyección en la pequeña pantalla.

      Pero también dio lugar a todo tipo de experimentos para arremeter contra la creciente crisis de la gran pantalla, como el de La conquista del Oeste (1962), gran superproducción de 162 minutos de duración, fragmentada en tres partes dirigidas por John Ford, Henry Hathaway y George Marshall, rodada con un enorme presupuesto y gran aparato para ser proyectada en formato Ultra Panavisión, en 70 mm.

     Pero aunque el oeste seguía siendo escenario de historias y personajes con enorme tendencia a la épica, pronto se produjo un interés revisionista hacia los clásicos de las décadas anteriores. Los nuevos directores e incluso algunos viejos maestros todavía en activo, cuestionaron tanto la forma de ser contadas las historias, como la personalidad de los mitos hasta entonces indiscutibles. Aparecen así directores como Sam Peckinpah, con auténtica sangre india en sus venas, que con películas como Grupo salvaje (1969) o Pat Garret y Billy the Kid (1973) o Arthur Penn, con Pequeño Gran Hombre (1970), quienes hacen reflejo del convulso momento histórico norteamericano en sus obras.

     En esta época irrumpe además una oleada de los pronto llamados "spaguetti western", producciones de modesto prosupuesto a cargo de directores, en su mayoría italianos, rodados en el desierto de Almería. Sergio Leone, como director, Clint Eastwood como protagonista, y títulos como Por un puñado de dólares (1964) o El bueno, el feo y el malo (1966) conocen un creciente éxito, más de público que de crítica. Tras esto lo que se consideraría primero western otoñal daría pie después a la más pura y dura decadencia, tras la que el género decaería hasta la práctica desaparición.

     Posteriormente ha habido varios intentos de recuperación, sobre todo durante los 90, con títulos como Silverado (1985) o Wyat Earp (1994) de Lawrence Kasdam, la oscarizada Bailando con lobos (1990) de Kevin Costner o la estupenda Sin perdón (1992), donde Clint Eastwood demostró que se había convertido en un maestro tras la cámara. La cosa dio incluso para realizar, con la excusa del momentáneo resurgimiento, contaminaciones del género como melodramas, Sommersby (1993); comedietas, como Maverick (1994) e incluso parodias, como Cuatro mujeres y un destino (1994) o Rápida y mortal (1995).

     En el pasado 2003 se cumplía el primer centenario de la aparición del primer western, celebración que sin embargo pasó desapercibida, como desapercibidos también para la taquilla han pasado los últimos intentos de renovar el género. El primero en llegar fue Open Range, con el que Kevin Costner pretendió superar la mala racha en la que ha sucumbido desde el desastre de Waterworld. La película, que cuenta con un llamativo elenco encabezado por Robert Duvall, Annette Bening, Diego Luna y Michael Gambon, junto al propio Costner, fue la protagonista en nuestro país de la clausura del Festival de San Sebastián, para estrenase posteriormente en España durante el pasado otoño, pasando por la cartelera sin pena ni gloria. Idéntica suerte corrió The Missing, lo último de Ron Howard, historia de reencuentro entre padre e hija en Nuevo México, con Tommy Lee Jones y Cate Blanchett, que tampoco supo conectar con el gran público. Ni siquiera la última parte de la trilogía del Mariachi, Érase una vez en México, de Robert Rodríguez, recibió el beneplácito de la taquilla, aunque el propio Johnny Depp acompañara a sus protagonistas, Antonio Banderas y Salma Hayek.

     Sin embargo, la apuesta por el western sigue abierta. En plena fiebre de remakes, varios han sido los que han elegido antiguos western para actualizar, como Ned Kelly, nombre del bandido australiano cuya legendaria historia ha protagonizado recientemente su compatriota Heath Ledger, en una nueva versión inspirada en la historia real de aquel personaje, al que encarnó en la versión rodada por Tony Richardson, el rockero Mick Jagger. Otro de los más esperados es la nueva versión de El Alamo, que dirigiera y protagoniza John Wayne en 1960. Billy Bob Thornton encarnará esta vez a Davy Crockett, al que acompañarán Dennis Quaid, Jason Patrick y el español Jordi Mollá, y que ya tiene como fecha de estreno en España el próximo 3 de septiembre, fin de semana en el que tendrá que competir con el títulos español más esperado de la temporada, Mar adentro, de Alejandro Amenábar.

Inma Sicilia