Harry Potter y el prisionero de Azkabán                                  * * * *



Director: Alfonso Cuarón Producción: Chris Columbus, David Heyman, Mark Radcliffe Guión: Steven Kloves Música: John Williams Fotografía: Michael Seresin Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Michael Gambon, Alan Rickman, Gary Oldman, Emma Thompson, Maggie Smith País: Estados Unidos Año: 2004 Distribuidora cine: Warner Duración: 142 min. Género: Aventuras Título original: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban



       La tercera película de la serie Harry Potter, basada en las novelas de la afamada y ahora multimillonaria escritora británica J. K. Rowling, llega a nuestras pantallas convertida en un auténtico fenómeno de masas de la cultura popular moderna, y después de que las dos primeras de la serie, Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001) y Harry Potter y la Cámara Secreta (2002), dirigidas por Chris Columbus, recaudaron más de 600 millones de dólares sólo en el mercado norteamericano.

       Esta entrega tiene la peculiaridad de estar dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón y el resultado es muy afortunado. Sin la experiencia para manejar grandes producciones, el cineasta mexicano demuestra una gran habilidad narrativa y, sobre todo, una vigorosa capacidad para la creación de ambientes de fantasía. Harry Potter y el prisionero de Azkabán contiene varias de las mejores cualidades de sus antecesoras: un riguroso sentido de la aventura, una dosis de suspense y una pródiga cosecha para la imaginación.

      El filme ha recreado sabiamente una atmósfera más tenebrosa, más compleja en su definición visual y más tétrica, que intensifica las líneas de misterio. En sí misma la cinta es más oscura que las otras.

      Con los personajes centrales más crecidos -el propio Harry Potter y sus compañeros Hermione y Ron- la película apuntala con sutileza la atracción sensual entre ellos, al mismo tiempo que plantea unos diálogos trazados con mayor inteligencia. El desarrollo argumental se sostiene con solidez, adaptándose a las circunstancias de la evolución de los personajes.

      Cuarón ha preferido pasar por alto la parte de los partidos del quidditch, que en las anteriores ocupaban un buen metraje, para dar rienda suelta a una sofisticada gama de efectos especiales: sólo concede una leve referencia a la competencia deportiva para concentrarse en el papel de los fantasmas y espectros que buscan atrapar al prisionero de Azkabán. La trama es más enriquecedora que la desarrollada en las anteriores películas. Conserva de éstas el prólogo que narra la breve convivencia con sus padres adoptivos.

      Como sucedió en los dos primeros filmes nos encontramos frente a una obra de pleno entretenimiento, que posee el gran atributo de enganchar y atraer, como logran las novelas mismas, tanto al público infantil como a los adultos, con una imaginería visual interesantísima.

      Las películas de Harry Potter se disfrutan porque tienen encanto, carisma y personalidad, y ese es un innegable mérito. Han sabido conjugar los avances tecnológicos cinematográficos -propiedad de George Lucas- con historias bien elaboradas que presentan un mosaico de singulares personajes. Las interpretaciones de Alan Rickman (Profesor Severus Snape), Gary Oldman (Sirius Black) y Emma Thompson (Profesora Sybil Trelawney) son las otras piedras que sostienen la historia.

     La cuarta película de la serie, ya en preparación, Harry Potter y el Cáliz de Fuego, que indiscutiblemente llevará el mismo sello en cuanto al estilo narrativo y visual, ha sido encomendada al director inglés Mike Newell, que ya realizó Cuatro bodas y un funeral y La sonrisa de Mona Lisa.

     Una oportunidad para el reencuentro con la fantasía.

José Luis Panero