Por eso hay que tener cuidado
a la hora de elegir, pero hay veces en que no nos lo ponen nada fácil
ya que en ocasiones, detrás de títulos tan poco estimulantes
que sólo convencen el magnífico reparto o las sinceras recomendaciones
de quienes de verdad la disfrutaron, pueden esconderse las grandes películas
de la temporada.
Dejaré de generalizar
y concretaré. Hablo de ¡Olvídate de mí!,
y al respecto de ella aconsejo, como ya he insinuado, pasar por completo
del título, olvidarlo, si se me permite el chiste fácil,
y dejarse llevar por el espléndido guión de Charlie Kaufman,
el mismo que una vez nos enseñó Cómo ser John
Malkovich, metiéndose y metiéndonos literalmente en
la cabeza del famoso actor.
En esta ocasión es otra
cabeza la que le sirve como escenario, la de Joel Barish, interpretado
por Jim Carrey, y la recorremos con la misma angustia con la que él
repasa, y otros le borran uno a uno, los recuerdos de la relación
que mantuvo con Clementine, a quien da vida Kate Winslet. Relación
primero, recuerdos después, que él decide eliminar en un
principio, para darse cuenta posteriormente y sin posibilidad de rectificación,
de que lo último que desea es perder cuanto le queda de ella.
Todo esto parece una locura y en cierto
modo lo es. No se trata de algo convencional, desde luego. Nada cotidiano
suele salir de la pluma de Charlie Kaufman, escritor calificado de pretencioso
por unos y de genio por otros, por mí entre ellos, hasta que demuestre
que no sigue mereciendo la corona.
Lo que Kaufman ha construido aquí
es un órdago, un no va más en lo que al tema de la amnesia
y al género del thriller se refiere al contar que el protagonista
contrata a una empresa especializada en hacer desaparecer recuerdos ingratos,
pero a la vez es un drama, el del hombre que ve que no puede hacer nada
por detener el proceso que él mismo solicitó. Y sin duda
alguna y por encima de todo, es una historia de amor: la de dos personas
que en el cerebro de una sola, luchan por mantenerse juntas, por que la
tecnología no las elimine. Algo así como la visión
que siempre ha tenido la humanidad ante las parejas de distinto nivel
social. Todo se ha contado ya infinidad de veces, lo que importa es contarlo
como nunca.
El tándem Charlie Kaufman-Michel
Gondry, escritor y director, ha funcionado. No lo logró en "Human
nature", la anterior de ambos, cinta fallida con una buena idea no
del todo bien resuelta, pero aquí trabajan en estado de gracia
y ofrecen no sólo brillantez y originalidad, sino momentos de verdadera
filigrana narrativa con soluciones visuales que transmiten con fuerza
la dureza y la impotencia que implica el ir quedándose sin vida.
Una vez ofrecida la base, la idea
principal, todo serán preguntas: ¿pagaría yo por
borrarme recuerdos? ¿Cuáles eliminaría? ¿Sería
la persona que soy ahora aún sin ellos?
Por lo tanto caeremos en la cuenta,
de forma divertida, de que si la realidad conociera semejante posibilidad
estaríamos ante algo muy serio, algo que generaría la controversia
que nacerá a buen seguro con sólo ver la película,
con la aliviadora diferencia de que por ahora no deja de ser eso, una
ficción simple y fabulosa.
Silvia García Jérez
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