Así, los temas que trata
Aristarain no nos resultan lejanos, al contrario, sus mujeres son nuestras
madres, nuestras vecinas. Sus hombres nuestros padres, nuestros amigos.
Pero ninguno de ellos tiene la altura suficiente para saltar por encima
de explosiones y persecuciones, que tan ajenas nos son, por otro lado.
Lo que ocurre entonces es que
a menor cantidad de medios más imaginación: la narrativa
prima, los guiones se pulen, los personajes protagonizan las historias
y éstas nos llegan y se nos quedan. En la memoria y en el corazón,
¿dónde si no?
Eso era lo que sucedía
con "Un lugar en el mundo", film portentoso en cualquier aspecto
que se cite. Y lo que pasaba con "Martín (Hache)" en
la que el entretejido de las relaciones entre amigos, amantes y sobre
todo la de un padre y un hijo devolvía al cine a la categoría
de arte.
Luego decayó un poco con "Lugares
comunes" y ahora se estrena "Roma" No se trata de un documental
sobre la cuidad italiana, ni se hace referencia alguna a dicha capital.
Roma es una mujer, la más importante en la vida de Joaquín
Góñez: su madre. Lo malo es que esta vez Aristarain no ha
acertado y no ha conseguido que Roma sea tan importante para nosotros.
Susú Pecoraro, la actriz que la interpreta, no merece un pero.
Es, aún con una larga filmografía a su espalda, todo un
descubrimiento que nunca llega tarde si nos ofrece semejante prodigio.
Tampoco de José Sacristán, que borda al maduro Joaquín
Góñez afincado en España, puede decirse nada malo.
Del resto ya es otro cantar.
Entre ese resto se encuentra el mismo
Joaquín, personaje interpretado no únicamente por Sacristán.
Juan Diego Botto es él en su adolescencia y juventud en Argentina.
Pero no es él. Los caracteres no coinciden. Botto dibuja a un Góñez
amable, sencillo, tímido, no hay en él ni asomo del entrañable
cascarrabias en que supuestamente se ha ido convirtiendo en sesenta años
de existencia, por lo que tal cambio de personalidad debemos achacarla
a un evidente fallo de escritura de guión.
Eso sí, no hay que engañarse.
El texto sería bueno si lo hubiese escrito y dirigido un principiante,
no alguien que ha demostrado que es capaz de mucho más, incluso
de hacernos llorar, alguien que conocía el dominio del ritmo cinematográfico
como pocos. Ahora, al contrario de lo que sucedía con "Martín
(Hache)", con la que uno disfrutaba cada secuencia, cada diálogo,
el tiempo se detiene y "Roma" dura más que los siglos
de su antiguo imperio.
Aunque los desaciertos no acaban ahí.
Puede decirse que comienzan con la carátula, donde la chica que
acompaña a Botto no es Roma, y dado que la cinta gira en torno
a la que sí lo es, el a mi juicio error, descoloca, la tapa no
corresponde exactamente a lo que nos espera durante dos horas y media.
Pasamos entonces a juzgar el contenido. Y concluimos que no es esta la
"Roma" que queríamos ver. La "Roma" que tenía
que haber sido. Esta Roma es más provincia que capital. Pese a
todo, seguiremos confiando en él. A buen seguro la próxima
nos devolverá en forma al Aristarain que echamos de menos.
Silvia García Jérez
|