The way * * * |
Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN |
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Director y guionista: Emilio Estevez. Intérpretes: Martin Sheen (Tom Avery), Deborah Kara Unger (Sarah), Yorick Van Wageningen (Jost), James Nesbitt (Jack), Emilio Estevez (Daniel), Tcheky Karyo (Henry), Ángela Molina (Angélica), Joaquim de Almeida (padre José). Director: Emilio Estevez. Intérpretes: Martin Sheen, Emilio Estevez, Deborah Kara Unger, James Nesbitt. Argumento: Jack Hitt (relatos del libro Off the Road: a Modern-Day Walk Down the Pilgrim’s Route into Spain). Producción: Julio Fernández, David Alexanian y Emilio Estevez para Filmax Entertainment, Producions A Fonsagrada, Castelao Pictures, Filmax Animation y Castelao Productions. Música: Tyler Bates. Fotografía: Juanmi Azpiroz. Montaje: Raúl Dávalos. Dirección artística: Víctor Molero. Vestuario: Tatiana Hernández. Distribuidora: Filmax. País: España. Año: 2010. Género: Drama. Duración: 120 min. Tom Avery (Martin Sheen) es un prestigioso oftalmólogo californiano, católico no practicante, viudo desde hace años y que no mantiene buenas relaciones con su aventurero hijo Daniel (Emilio Estévez). Un día llaman a Tom desde Francia para comunicarle que Daniel ha fallecido en un accidente en los Pirineos, cuando iniciaba el Camino de Santiago. Una vez allí, Tom decide completar personalmente la peregrinación, portando en su mochila las cenizas de su hijo. Pronto hará amistad con varios peregrinos muy diversos, pero que, como el propio Tom, necesitan una nueva oportunidad para rehacer sus vidas. Inspirada libremente en varios relatos del libro Off the Road, de Jack Hitt, esta road-movie del estadounidense Emilio Estévez rinde homenaje a sus antepasados gallegos, y en concreto a su abuelo, en esta agradable peregrinación fílmica por el Camino de Santiago, planteada como una singular revisitación de El Mago de Oz. En efecto, los encuentros del protagonista —divertidos y dramáticos a la vez— sirven a Estévez para mostrar las diversas actitudes actuales ante la ancestral tradición, sin menoscabar nunca su esencial condición espiritual y religiosa. Esa visión trascendente se esboza a través de sutiles insertos de realismo mágico —en torno a la presencia del hijo fallecido—, y culmina en la apoteósica secuencia en la Catedral de Santiago. Todo ello se narra en un tono amable, que salta con facilidad de la tragedia a la comedia, y llena el metraje de una abigarrada galería de personajes entrañables, muy bien encarnados por el notable reparto. En él destaca Martin Sheen —padre del director—, que se mete en la piel de Tom con una convicción conmovedora. De esta manera, la película sortea un par de tópicos, y logra hacer reír y llorar al espectador sin recursos de bajos vuelos ni salidas de tono. Una hermosa película. Jerónimo José Martín
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