Tiempo de valientes
                                                                                          Por JERÓNIMO JOSÉ MARTÍN


Escena de Tiempo de Valientes


Director: Damián Szifrón. Intérpretes: Diego Peretti (Licenciado Mariano Silverstein), Luis Luque (Inspector Alfredo Díaz), Óscar Ferreiro (Lebonian), Gabriela Izcovich (Diana), Martin Adjemian (Comisario), Tony Lestingi (Arias), Daniel Valenzuela (Pontrémoli), Ernesto Claudio (Lomianto), Carlos Portaluppi (Villegas), Marcelo Sein (Farina). País: Argentina. Año: 2005. Producción: Óscar Kramer y Hugo Sigman, para Shok Films Argentina S.A. Guión:Damián Szifrón. Música: Guillermo Guareschi. Fotografía: Lucio Bonelli. Dirección artística: Jorge Ferrari y Juan Carlos Roust. Montaje: Alberto Ponce. Género: Comedia de acción. Premios principales: Premio Calabuch a la Mejor Película, al Mejor Actor (Diego Peretti) y al Mejor Director en el Festival de Peñíscola 2006.

En la hilarante No sos vos, soy yo, de Juan Taratuto, el actor argentino Diego Peretti daba vida a un cirujano que debía acudir a un psicoanalista tras la profunda depresión que le provocaba la huida de su esposa con otro hombre. Ahora es Peretti quien da vida a un psiquiatra en Tiempo de valientes, divertidísima comedia policíaca dirigida por Damián Szifrón, joven realizador argentino que creó la popular serie televisiva Los Simuladores y que debutó en el cine con el drama El fondo del mar.

Vaya pareja

La acción se desarrolla en el Buenos Aires actual. Para evitar una condena por conducción imprudente, el psicoanalista Mariano Silverstein solicita al juez una probation, figura legal argentina por la que el acusado elude el juicio a cambio de realizar determinadas tareas comunitarias relacionadas con su trabajo. A Silverstein le asignan atender durante un tiempo a los policías de una comisaría capitalina.

Su primer paciente allí es Alfredo Díaz, un veterano inspector de la Policía Federal, destrozado por la infidelidad de su mujer. Silverstein iniciará su tratamiento acompañando a Díaz durante la investigación de unos asesinatos, que obligará a los dos hombres a encarar facetas insospechadas de sus vidas. Y, mientras tanto, se irán sumergiendo en una turbia tela de araña de corrupción y venta ilegal de armamento nuclear.

 


Otro fotograma de la película

Al estilo Woody

Al igual que en otros cineastas argentinos de origen hebreo —como Eduardo Milewicz (Un tipo corriente) o Daniel Burman (El abrazo partido)—, en Szifrón se aprecia una fuerte influencia del último Woody Allen cómico, sobre todo el de películas ligeras como Misterioso asesinato en Manhattan o Granujas de medio pelo. Este sabor woodyallenesco se nota específicamente en una rigurosa definición de personajes y en unos diálogos chispeantes, que impulsan la intriga policial al paso que hacen crítica social, provocan la carcajada y a veces también alguna lagrimita. Y, como Allen, Szifrón desarrolla una excelente dirección de actores, y los lleva sin fracturas a los terrenos más variados, siempre con agilidad narrativa y solidez dramática, también en las brillantes secuencias de acción, donde el joven director reivindica sin complejos el cine-espectáculo y las buddy-movies hollywoodienses.


En este punto son fundamentales las aportaciones de Diego Peretti y Luis Luque, que logran una sólida química desde su primer encuentro. Además, Szifrón aprovecha muy bien su diversidad física e interpretativa. Así, Peretti arranca las caracajadas del espectador a través de histriónicas payasadas, más cercanas al slapstick clásico de Charlot, el Gordo y el Flaco o los Hermanos Marx; mientras que Luis Luque consigue efectos similares a través de una caracterización sobria y hasta estólida, que recuerda a menudo al estilo de Buster Keaton.

Sugerente ideal

Quizá la mirada de Szifrón al ser humano padezca alguna leve miopía; pero profundiza mucho más que la inmensa mayoría de los cineastas actuales, y lo hace además con respeto a la inteligencia del espectador, sin astigmatismos ideológicos y sin recurrir a la sal gruesa ni a otras toscas muletas de los directores mediocres.

Un descubrimiento, en fin, que confirma la vitalidad del cine argentino y de sus directores más jóvenes; unos directores que, como Szifrón, han convertido el cine en “la lente a través de la que ven, sueñan, imaginan y recuerdan las cosas”, y también en un poderoso instrumento de lucha para “aunar lo cotidiano y lo aventurero”, y reivindicar a través de ese sabroso cóctel “valores tan sencillos como la honestidad, la valentía y el sentido común”.

 

Jerónimo José Martín

 

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